| Cerrando abril Concluimos este mes con un variopinto
panorama sin que haya pie para muchas celebraciones. Por un lado, produce cierto alivio
saber que muchas de las economías principales del mundo se están recuperando de la
crisis económica que afectó a todos los últimos dos años. No todo el mundo está
contento (si no, vean a Grecia y a otros países de la eurozona con problemas varios),
pero en general si los grandes se curan, los demás también nos recuperamos.
En un
ambiente festivo, por otro lado, Shangai inauguró la Exposición Universal más ostentosa
de la historia, con la presencia de jefes de Estado y espectáculos pirotécnicos.
Participan 192 países y 50 organizaciones internacionales, los cuales tendrán la
posibilidad de exhibir lo mejor de sí durante los próximos 184 días que durará la
exposición. Me gustaría, de verdad, sentirme emocionada, pero confieso que preferiría
una China más abierta que tanto despliegue fastuoso.
Ahora bien, por otro lado, abril se cierra con noticias deplorables. Dos que afectan
nuestros ámbitos económicos y ecológicos, y una con carácter ideológico y político.
La primera es el derrame petrolero inmenso que en estos momentos ennegrece las aguas del
Golfo de México y que amenaza con matar miles de peces, crustáceos y otros animales,
algunos de ellos en peligro de extinción, y de inundar los humedales de la zona de
Louisiana, lo cual acarrearía un desastre ambiental cuyos efectos se sentirían por
años, amén de la terrible situación en la que quedan miles de familias que dependen de
la pesca en la zona. ¡Y todavía querían que se construyeran más plataformas petroleras
a lo largo de las costas estadounidenses! ¡No pueden ni con las que tienen...! Espero, de
verdad, que logren contener el derrame (lo cual parece casi imposible con las tormentas en
la zona) y se decidan a mejorar la tecnología de las plataformas mientras no se puedan
sustituir con fuentes de energía menos peligrosas para todos.
Otra
noticia ecológica/económica es la pretendida reactivación del comercio legal de carne
de ballena. Países como Noruega, Islandia y Japón están presionando para que se levante
la prohibición internacional que pesa sobre la cacería de ballenas y se libere ésta.
Contrario a lo que uno podría pensar, otros países parecen creer que sería buena idea
hacerlo. ¡Condenarán a las ballenas con tal de ganar algunos pocos dólares más! Ya es
indignante que esos tres países balleneros sean tan irracionales que quieran
seguir masacrando indiscriminadamente a las ballenas, como si éstas no tuvieran
suficientes problemas con el cambio climático, para que también otros países más se
pongan en fila para terminar por exterminarlas. La organización AVAAZ (www.avaaz.org) está solicitando
firmas para enviar documentos de protesta frente a los gobiernos que quieran apoyar la
iniciativa de estos tres países. Espero que prive el sentido común y siga prohibida su
cacería. Es un deber moral, no sólo porque muchas de ellas están en peligro de
extinción, sino porque no dependemos de ellas para vivir. Y su desaparición acarrearía
aún más problemas para el equilibrio ecológico de nuestros océanos.
Finalmente,
la última noticia indignante, de esas que te causan profundo asombro y te conminan a
preguntarte dónde quedó el sentido común en la especie humana fue la aprobación de una
nueva ley en Arizona (EEUU) que, entre otras cosas, permite a la policía común detener a
cualquier "sospechoso" de ser inmigrante ilegal y de exigirle sus documentos. La
sospecha puede surgir de cualquier interpretación, y se basa particularmente en el
aspecto de los inmigrantes: latinos. Esta disposición sola, además de otras contenidas
en la desafortunada ley, abre la puerta para la discriminación y la persecución por
motivos raciales, como no había pasado en Estados Unidos desde los años 60 cuando menos.
Un retroceso en todo sentido, inspirado en una intolerancia brutal de parte de muchos
residentes de ese estado y su ignorancia completa acerca del fenómeno de la inmigración
y su confusión con el del terrorismo y la delincuencia común. ¡Increíble!
Mayo debería ser un mes mejor provisto de buenas noticias. Algo que nos haga pensar
que en el mundo aún hay sentido común, disposición de ayuda y eficiencia en el
tratamiento de emergencias de todo tipo. En todo lugar.
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