| La lógica del sentido común Hace poco fui al cine a ver WALL-E, la nueva película de los
estudios Pixar. Me gustan esas películas, pues son hechas con arte, con estilo y
con humor. Y ésta no me decepcionó. Desde el comienzo, la visión de un
planeta ahogado en basura, seco, polvoriento y carente de vida nos remite a nuestros más
actuales problemas ambientales y tal vez nos recuerde la terrible manía del despilfarro y
el desorden que campean en muchas de nuestras ciudades. No es, pues, una imagen
extraña. Al contrario, resulta incómodamente familiar. Sin embargo, no hemos
llegado a semejantes niveles de desolación, pero algo nos dice en el fondo de nuestra
conciencia de que muy bien podríamos hacerlo si lo permitiéramos.
En una entrevista que se le hizo al director de la
cinta, Andrew Stanton, se le preguntó sobre las implicaciones ambientalistas de la
película. Él, después de advertir que el filme narra principalmente una historia
de amor, contesta más o menos lo siguiente: "Viví en una época -en la niñez- en
la que nos preocupaba el constante aumento de la basura y el problema para
manejarla. Lo que hice fue proyectar esa preocupación en la pantalla.
Después de todo, no se necesita ser ambientalista para saber que podemos dañar nuestro
entorno con sólo ser irresponsables o descuidados". Al leerlo, me dije:
"sí, claro. Ese es el punto. Se trata de un poco de sentido común".
Sentido común. ¿De qué se trata? Supongo que tiene que ver con la
capacidad de ser racional, equilibrado, consecuente, responsable. Se trata de ver
las situaciones sin melodrama u optimismo. Se trata de resolver los problemas de
manera que el daño sea mínimo y la prevención sea la principal arma. Se trata de
la aplicación práctica del sentido de la equidad. Es decir, una de las más
preciadas cualidades de un ser humano normal, que mucho se espera tengan aquellos que dirigen nuestras comunidades o se ocupan de temas de
relevancia general. Por ejemplo: políticos, científicos y hombres de
negocios. ¿Estamos envueltos en un inmenso problema de contaminación ambiental, de
crisis energéticas, de crisis económicas, de resentimientos sociales y otros males
repetitivos a lo largo del tiempo? Por supuesto, siempre. Y creo que en mucho
se debe a la ausencia del sentido común en la toma de muchas de nuestras decisiones.
Reciclar la basura, usar el combustible a niveles
racionales, caminar en vez de usar un automóvil para recorrer cinco cuadras, comer de
todo lo que la naturaleza nos prodiga en cantidades equilibradas (ni mucho ni poco),
disponer de los recursos públicos para mantenimiento y creación de obras públicas,
etc. ¿No parecen conductas racionales? Creo que lo son. Y como ellas, muchas
otras. Sólo se trata de sentido común. No compres un objeto que es más caro
que tu salario total. No tiene sentido (común). No comas si no tienes hambre.
No tiene sentido (común). No abras el grifo y dejes correr el agua si no vas a
usarla. No tiene sentido (común). No cortes el árbol porque sus hojas caen
en tu techo. Sólo limpia el techo. Tiene más sentido (común).
Ni Stanton necesitó ser ambientalista para darse cuenta de que podríamos ahogarnos en
nuestra propia basura si no hacemos algo al respecto, ni nosotros necesitamos ser
economistas o ingenieros o climatólgos o médicos para optar por aquellas decisiones que
siguen la simple lógica del sentido común.
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