2 de julio
Líderes y seguidores Pensaba el otro día en lo difícil que es lograr una forma de gobierno
satisfactoria para todos y lo imposible que resulta en el mundo real. Pienso que la
democracia es el mejor sistema político inventado por el ser humano, en la medida en que
puede garantizar cierto equilibrio entre el bienestar público y las libertades
individuales, lo que puede lograr a la larga una población feliz. Sin embargo, en
teoría es maravilloso y perfecto, pero en la práctica suele encontrar muchos obstáculos
psicológicos para lograr su aceptación y adaptación plenas. Lo digo, porque me
parece que los seres humanos no tendemos a la democracia como forma de gobierno natural.
Se sabe que en tiempos prehistóricos, nuestros ancestros se agrupaban en familias y
tribus. Cada tribu solía tener un líder o un grupo de líderes, que serían
aquellos que guiaban al resto en la difícil lucha por la supervivencia. La
cacería, la construcción de casas, la organización de defensa, incluso, los primeros
cultivos, requirieron de sistemas organizativos progresivamente más complejos, aún en
nuestras primitivas sociedades. Esta designación de un líder no corresponde
necesariamente con el poder de un pueblo (demos=pueblo, cratos=poder), sino que sería el
más viejo o el más fuerte o el que mejor hablara frente al público. Solían ser
líderes naturales, cuyo carisma y personalidad los hacía imponerse sobre los demás y
ganarse su respeto, su admiración y, lo que es más significativo, su obediencia.
No necesariamente eran hombres, aunque solían serlo, pues los hombres son de natural más
fuertes físicamente y no están atados a la maternidad, pero se sabe que hubo mujeres que
ocuparon altos cargos de admiración, respeto y obediencia. No sería de extrañar
que en sus personalidades privara una voluntad de hierro, un carisma natural y la
facilidad de comunicarse de manera eficaz con sus conterráneos.
Vistas así las cosas, lo que parece natural para el ser humano es una organización
más similar a la de los lobos, los chimpancés y los gorilas que a la filosófica fuerza
de un pueblo soberano. Es decir, necesitamos líderes y somos de natural una especie
compuesta de jefes y seguidores. En todos los órdenes, en todas las comunidades,
siempre podremos notar que alguien lleva la voz cantante y los otros lo siguen, sin que
muchas veces sepan explicarse cómo o por qué.
¿Qué ocurre en nuestras sociedades
modernas, tan complejas, tan abultadas? Las naciones europeas del oeste y países
como Estados Unidos o Canadá se precian de haber logrado democracias ágiles, funcionales
y prósperas. El "poder del pueblo" se siente en dichos países, o al
menos tal se pregona. ¿Desaparecieron los líderes naturales, entonces? Por
supuesto que no. Siguen allí, necesitados, amados, denostados, en
competencia. A diferencia de sociedades del pasado, ahora los designamos con
nuestros votos y no con nuestras armas, pero es la misma historia. Se imponen por su carisma, por su
facilidad de palabra, por su voluntad de hierro, por su protagonismo y su fuerza
personal. Atraen nuestra atención, la captan y nos convencen de que debemos confiar
en ellos, podemos admirarlos y esperar que sean sabios y sean justos y lleven a nuestros
países hacia la prosperidad y la riqueza. Es exactamente la misma cosa. No
son reyes armados, son políticos prominentes, pero nosotros -los seguidores- seguimos
buscando ese líder natural de nuestros tiempos tribales, alguien en quien confiar.
Por eso es tan difícil entender la democracia. No es incompatible con los
líderes, es simplemente compleja de montar y de adaptar. Basta con mirar lo
sucedido en
Irán y en Honduras, donde las democracias se tambalean y los líderes arrastran a sus
seguidores en un sentido o en el otro. ¡Qué difícil es entonces pensar en el
poder del pueblo cuando un sólo hombre mueve a la multitud! ¿Qué podemos desear
en estas circunstancias? Yo, al menos, no eliminaría los mecanismos de la
democracia, pero desearía que la gente recibiera una educación refinada, mediante la
cual sepan distinguir entre un líder negativo (que abundan) y uno positivo (que se
necesitan), pues nunca dejaremos de buscarlos.
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22 de junio
Especial

Esta es una entrada especial. Será un minuto de silencio por las víctimas
mortales de los últimos acontecimientos en Irán, donde una elección presidencial nunca
debió convertirse en una serie de actos de represión brutal sobre un pueblo que exponía
pacíficamente su derecho a externar su frustración.
22 de junio
Vacaciones
En el hemisferio norte ha llegado
formalmente el verano. Muchos, se preparan por tanto a dar inicio a sus
vacaciones. En mi país, que se haya ubicado en la zona tropical, es costumbre
celebrar unas breves vacaciones de medio año, que en épocas pasadas solían coincidir
con el llamado veranillo de San Juan, pero que hoy en día pueden ser tan lluviosas como
cualquier otro día de la estación lluviosa. Si tenemos suerte, tendremos algunos
días secos antes de volver a nuestras ocupaciones.
En estos días de recesión, ¿de qué manera creativa y económica podríamos pasar
nuestras vacaciones -si es que no hemos estado ya de por sí en "vacaciones"?
Yo diría que imaginar viajes exóticos o visitar comunidades lejanas suelen
presentarse como opciones imposibles, aunque algunos imaginan formas de viajar que no
implique gastos excesivos. Precisamente porque estamos en recesión y las
compañías de viajes y los hoteles saben que la industria turística es una de las más
golpeadas, esta época veremos más ofertas y paquetes especiales. No hace daño echar una mirada. Podríamos
realizar un viaje agradable a un precio que no imáginabamos hace un año. Algunas
aerolíneas serán más razonables que otras, a veces es posible tomar un tren o incluso
se puede pensar en alquilar autos a menor precio, precisamente gracias a las ofertas. De
todas formas, unas buenas vacaciones no tienen por qué incluir un viaje a una
playa. Puedes tener un paseo de montañas, si tu país las ofrece, o viajar a
países donde haya agradables sitios vacacionales de montaña.
Otras opciones están a la vuelta de casa. El cine -uno de los mejor retribuidos
por la crisis- es siempre un pasatiempo magnífico. La oferta y variedad de
películas es hoy mayor que nunca. Nadie puede decir que no encontrará la que más
le pueda interesar, si hay de todo. Los únicos que no hallarán placer en el cine
serán aquellos a los que no les guste del todo este tipo de experiencia. Con el
cine puedes incluir una comida liviana y económica, como palomitas y perros calientes,
pero también, si tienes más presupuesto, puedes hacer la noche completa en un bar más
atractivo o en un restaurante. Una buena película y una buena comida son
combinaciones ideales para noches cálidas y época de descanso. Parecen frases de
anuncio comercial, pero por una vez, creo que son ciertas.
Y por
supuesto, mi afición favorita: un libro. ¡Que las vacaciones resultan ideales para
leer todo lo que no se pudo durante la época laboral! Con los libros, la variedad
de entretenimiento es maravillosa, representa una oportunidad única de visitar tierras y
épocas distintas de manera imaginativa, mientras disfrutas la increíble sensación de
echarte bajo una sombrilla de sol, con un delicioso refresco al lado y tu libro en la
mano. ¡No me dirán que no son vacaciones! :)
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9 de junio
Solsticios
Se aproxima el solsticio de junio o
solsticio de verano (en el hemisferio norte). Si viviéramos en alguna civilización
antigua europea, céltica o similar, supongo que nos prepararíamos para el importante
momento en que el sol marcará el inicio del verano. Era una fecha simbólica,
cargada de promesas y misterios, y no pocos pueblos prehistóricos le concedieron una
importancia vital para sus sociedades. De hecho, se cree que el famoso Stonehence está ligado a la
celebración de los solsticios. En el caso del 21 o 22 de junio, en el hemisferio
norte es el día más largo del año. Por contraste, en el hemisferio sur, para
cuyas sociedades sería el solsticio de invierno, será el día más corto, el cual por
cierto también es otro motivo de celebración, pues después de dicho día, los días
comenzarán a alargarse de nuevo y el Sol se fortalecerá.
Hoy en día cada solsticio nos significa simplemente el eco de una tradición, el
marcaje de una estación, o la oportunidad para salir de fiesta, si en nuestra localidad
se celebra alguna. Pero en días antiguos, tanto en Europa como en Egipto y otras
civilizaciones orientales, la llegada de los solsticios era un motivo de celebración y también de prevención. Eran
momentos mágicos, cuando se abrían puertas misteriosas al paso de seres como duendes o
hadas o diablos -éstos, propios de la tradición cristiana-. Había que encender
hogueras para mantener alejados a los espíritus demoníacos pero al mismo tiempo, había
que celebrar al Sol y desearle fuerza, pues sin su energía, nuestras culturas agrícolas se habrían perdido y habrían
muerto en medio del hambre. Si era el día más largo (verano), habría tanta luz
que las tinieblas no podrían alcanzarlos, pero había que desear que el Sol no perdiera
su energía. Por otro lado, si era el día más corto (invierno) se celebraba lo que
vendría después, es decir, el progresivo alargamiento de los días y fortaleza del Sol.
Cualquiera que fuera el motivo, habría ocasión de celebración.
En nuestros días escépticos y racionales, ¿qué puede significar un solsticio de
junio? Ya no una alabanza al Sol y a la vida. ¿O sí? Las estaciones
siguen cambiando, tal como lo han hecho desde que somos capaces de registrarlo y
recordarlo. Gracias a tales registros, fuimos capaces de construir nuestras
civilizaciones, independizarnos de la cacería y del vaivén de los árboles o arbustos
que producían frutos, y pudimos expandirnos y conquistar el planeta. Gracias a
nuestra capacidad de observar las estrellas y los movimientos del Sol y de la luna, fuimos
capaces de establecer la civilización que hoy en día -aunque no lo parezca- nos protege.
En otras palabras, tenemos motivos para celebrar los solsticios.
¿Llegará el momento en que los solsticios desaparezcan? Pues sí, claro, pues
el Sol no es eterno. Pero no será su desaparición lo que debiera inquietarnos, ni
siquiera tomar un momento de nuestros pensamientos (se calcula que sucederá dentro de unos 5 mil millones de años). Creo que
más atención merece nuestra Tierra, sus estaciones y sus ciclos. Hoy, que nos
enfrentamos al fantasma del calentamiento global, a la amenaza del cambio climático, es
motivo de celebración que aún haya un solsticio de verano en el que podamos prever días
soleados, durante los cuales nuestros campos florecen y nutren nuestras mesas, y un
solsticio de invierno por el que podamos prever que los días fríos y estériles
terminarán por acabar pronto y llegará una nueva primavera y nuestros árboles
reverdecerán y crecerán nuestros campos. El simbolismo no vendrá asociado, ya
más, a la fuerza del Sol o a la salida de los seres mágicos -que representaban en gran
escala los dones de la Madre Naturaleza-, sino que podremos asociarlos a nuestra capacidad
de revertir nuestros errores, preservar la belleza de nuestra Tierra y seguir cosechando
frutos al final de cada otoño, como ha sucedido desde que nuestros ancestros alabaron al
Sol y le agradecieron su constancia. :)
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