7 de mayo
Futuros posiblesBuscando información para un nuevo proyecto literario
en ciernes, di con una interesante información sobre los animales que podrían existir en
un futuro lejano. ¿Cuáles serían los caminos de la evolución? ¿Qué formas
adoptarían? Resulta que varios científicos ya han realizado sus predicciones,
basándose en sus conocimientos
sobre la forma en que interactúa el planeta, los cambios climáticos y geológicos, las
posibles mutaciones que tendrían éxito en el difícil y accidentado sendero de la
evolución. Muchos de sus resultados se exhiben en el parque temático Futuroscope,
ubicado en Francia, donde modelos ubicados en escenarios supuestos aparecen bajo las
miradas de los visitantes como extraños seres venidos de otros mundos.
La preeminencia de los animales que pude atisbar la llevaban los híbridos: formas
cruzadas de reptiles con aves, mamíferos con aves, reptiles con mamíferos, etc., que
supuestamente serían la respuesta a
determinados cambios drástico en el entorno natural del planeta Tierra. Se habla
aquí de largos periodos: cinco, cien, doscientos millones de años en el futuro. Se
da por descontado que el ser humano habrá desaparecido para entonces, aunque dicha idea
nos incomode, por lo que estos animales no interactúan ya con nosotros y nosotros jamás
podremos saber si nos equivocamos o no en nuestras predicciones.
Sin ir tan lejos, pensé, ¿cómo pinta nuestro futuro? ¿Estaremos dando forma
ya a los nuevos animales, con nuestros experimentos de manipulación genética y
clonación de especies? Tal vez. Y es posible que aquello que nos parezca raro
ahora no sea más que el primer vislumbre de un futuro lejano. Pero en lo que a
nuestro futuro cercano respecta, y sin tomar en cuenta el cambio climático (del que
sabemos somos en gran parte responsables), ¿estaremos ya alterando nuestro entorno,
metiendo mano en las leyes evolutivas, favoreciendo mutaciones, desalentando otras?
¿Qué sucede con nosotros?
Algunos científicos dijeron hace unas semanas que el ritmo de mutaciones de la especie
humana se ha acelerado en los últimos cien años. Es decir, hoy en día experimentamos más mutaciones que nuestros
ancestros del siglo XIX, por ejemplo, y ni siquiera nos damos cuenta de ello.
Mientras imaginamos ciudades increíbles, con formas alienígenas, soluciones
extrañas y tratamos de salvar el planeta, la naturaleza sigue trabajando en nosotros,
transformándonos en seres diferentes cada día, hasta lograr hacernos irreconocibles
dentro varios millones de años más.
¿Quién sabe? Tal vez lo que falta en la exhibición no nos sea tan desconocido
dentro de cinco millones de años. Tal vez nosotros mismos estemos aún caminando al
lado de estas especies, pero con otros ojos, otras manos y otra piel. :)
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29 de abril
Nuestra "época"
Pasando de los temas graves a los livianos, el otro
día recordé una caricatura de Mafalda, en la que Quino hacía un apunte interesante
sobre nuestra manera de vernos a nosotros mismos. Ocurría algo así como que la
niña se acercaba a su padre y le preguntaba cómo era X cosa en sus
"tiempos". El padre, como era su costumbre, caía inocentemente en la
trampa verbal de su hija y respondió que en sus "tiempos" las cosas eran así y
asá. Mafalda entonces, con una de sus peculiares observaciones, le decía:
"Esperaba que me dijeras que éstos todavía son tus
tiempos, pero ya veo que estás ¡fiuuú!" Y cuando digo "¡fiuuú!"
volcaba el pulgar hacia abajo. El pobre hombre quedaba, como era de esperarse, muy
deprimido.
Por entonces pensé que Quino tenía razón. ¿Por qué decir "en mi época,
las cosas eran así" o "en mis tiempos, nosotros decíamos asá"? No hablo,
por supuesto, de todos aquéllos que aún no sobrepasan los 25 años, como mucho. Me
refiero al resto de los mortales que hace tiempo dejamos atrás dicha edad y comenzamos a
referirnos a nuestro pasado más remoto como "nuestra época". ¡Como si
estuviésemos acabados! ¡Como si fuésemos zombies o algo similar! Es
absurdo. Seguimos viviendo, respirando, trabajando y afectando nuestro entorno como
de costumbre. ¡Todavía vivimos en "nuestra época"! Todo aquel
vasto caudal de tiempo que transcurrió desde el infinito hasta el día antes de nuestra
concepción y todo aquel otro vasto caudal temporal que se extenderá tras nuestra muerte
son los únicos períodos que no podríamos calificar como "nuestra época".
El tiempo que se comprime entre ambos momentos, en cambio, es por derecho
legítimo, "nuestro tiempo".
Pensando en la posible razón que nos mueve a hablar de forma tan nostálgica, y hasta
cierto punto, deprimida, di con una explicación que se me antojó satisfactoria,
al menos para mí: Cuando somos niños, todo lo que encontramos en nuestro entorno,
está dado. Simplemente existe. Las reglas que se nos imponen tienen su razón
de ser en el porque sí y no suele ser motivo de preocupación o análisis si sucederán
cambios, si serán positivos o si nos conviene la situación que vivimos. El punto
sencillo es que encontramos la vida arreglada de cierta manera y aprendimos a verla como
lo natural.
Tal
percepción, creo, persiste durante la adolescencia. Vivimos tantos cambios
internos, y son tan perturbadores, que solemos encontrar reconfortante que el entorno
exterior continúe con su imperturbabilidad aparente. Y no nos percatamos gran cosa
de los cambios exteriores. Para nosotros, aún el mundo sigue siendo como es: como
lo encontramos en nuestra niñez.
Llegada la
adultez, firmes finalmente en nuestra verdadera naturaleza, nos hacemos conscientes de los
cambios que azotan continuamente el mundo. Y nos damos cuenta de que lo único
estable es que nada lo es. Aprendemos a vivir, a veces a sobrevivir, las diferentes
situaciones que la vida nos va presentando y tal vez, en el fondo, no deja de asustarnos
un poco la incertidumbre del futuro, en una u otra medida. ¿Dónde hallamos
entonces el consuelo de lo estable, de lo definido, de lo sólido? Pues en nuestra
niñez, cuando las cosas eran como eran y punto, sin cuestionamientos. Entonces,
comenzamos a hablar de "nuestros tiempos". "En mi época, las
maestras hablaban así" "En mi época, los niños jugaban en las
aceras", etc.
Llego entonces a la conclusión de que esa, "nuestra época", es en realidad,
el último refugio de nuestra cansada psicología en busca de lo seguro. Y seguimos
viviendo, tan campantes, sin percartarnos de que seguimos viviendo nuestra verdadera
época, de la cual el cambio es una constante. :)
25 de abril
Hablando de energía
 Siguiendo con el
tema de la energía limpia, en estos días me enteré de una buena noticia. No son
tan usuales como deberían ser, pero al menos te levantan el ánimo, pues sabes que no
todo está perdido y que aún se puede lograr mucho por cambiar el negro panorama que se
nos presenta con el cambio climático. Me refiero a que en los últimos reportes,
la energía proporcionada por el sol se está volviendo más rentable. ¿Suena
raro? No, pues hasta hace poco la sola instalación de los famosos paneles solares
hacía impensable acondicionar las casas para proveerse de este tipo de energía limpia,
al menos las más comunes o la mayoría. Pero ahora resulta que, por una extraña
combinación de factores, el silicio -base de las celdas solares- se ha vuelto menos caro
y más disponible, de forma que en Australia y en varios países de Europa, el nivel de
instalación de paneles solares ha crecido significativamente en lo que va del año.
De hecho, en un informe difundido por la National Geographic, me enteré de que es
Alemania el país que más paneles solares ha instalado hasta ahora.
¡Alemania! ¡Un país frío! Ahora, imagínense que los países de climas
cálidos, con luz solar potente durante todo el año, también instalasen paneles solares
por doquier. ¿No creen que la factura petrolera se reduciría en un porcentaje
signficativo?
Tuve, entonces, una visión de ciencia ficción, ahora más ciencia que ficción.
Suponiendo que las condiciones políticas sean favorables (desgraciadamente siempre
hay que contar con este factor), y que hay una concertada acción de gobiernos y empresas,
podemos imaginar un futuro muy probable de plantas de energía eléctrica con fuentes de
energía limpia. En aquellos lugares donde el sol es una potencia ineludible, las
casas, los edificios, las plantas de producción y hasta
los transportes colectivos podrían ser dotados de energía eléctrica producida a partir
del sol. La instalación se abarata y luego el suministro es gratuito. Sólo
hay que preocuparse del mantenimiento de las celdas. Entretanto, se reduciría
notablemente las emanaciones de CO2 que tanto afectan nuestra atmósfera.
Por otro lado, en aquellos lugares donde el viento es
una fuerza aprovechable, las ciudades funcionarían con energía eléctrica producida de
forma limpia, al igual que ocurriría en aquellos lugares donde la energía geotérmica es más barata que la producida a partir del carbón y
del petróleo. Poco a poco, nuestras ciudades, nuestros agricultores, nuestras
industrias y hasta nuestros autos (preferiría entonces los híbridos, y eventualmente,
los completamente eléctricos -cuando la tecnología lo permita-) dejarían de emitir
gases contaminantes, dejarían de producir ruido, serían baratos y eficientes. ¿No
suena a maravilla?
Claro que necesitamos de la concertación de muchos factores. Gobiernos y
empresas, para empezar, se ven frente a situaciones altamente complejas y no es fácil
readaptar todo nuestro estilo de vida. Pero creo que ahora, finalmente, después de
tantas décadas de soñar con ciudades limpias, las vías son posibles. Y la
tecnología avanza, dándonos más esperanzas.
¿No se aclara un poquito el panorama? :)
23 de abril
Soluciones ecológicas
Recuerdo la primera vez que compré mi primer árbol de Navidad artificial. Lo
hacía a regañadientes, porque siempre me habían gustado los árboles de ciprés, con su
olor natural y hasta con sus hojas pinchosas, pero mi esposo me había convencido de que
era la manera más responsable de cuidar de los árboles. Cada vez que compramos un
ciprés natural al final del año, lo estamos condenando a muerte. Y con nosotros,
muchos miles, cientos de miles de personas más. En cambio, con un árbol de
plástico habría un comprador menos, un ciprés que no muere, un año en que no somos
parte de la desforestación. Con semejantes argumentos, pues, accedí a la compra.
Era un árbol
grande, de color verde oscuro. Estaba bien dotado de ramas tupidas, por lo que una
vez armado por completo, se veía frondoso, bello, y podría soportar una carga abusiva de
los adornos que quisiera colgarle. No se parecía en realidad a un ciprés, pero al
menos era cumplidoramente decorativo. Y al menos había optado por una solución
ecológica.
Años después, tanta seguridad se vino al suelo. Leí en un artículo reciente
la enorme controversia suscitada precisamente por los árboles artificiales de Navidad.
Año tras año se producen por millones. Se gastan toneladas de plástico -el
cual es fabricado de fuentes no renovables y mucho menos limpias-, contamina el aire con
el humo de las fábricas, y luego, cuando se desechan, son arrojados a los vertederos,
donde permanecerán por los siglos de los siglos por venir. ¡Son de plástico! ¿Alguna
vez alguien ha visto que un árbol de plástico se degrade? Entretanto, los
cultivadores de pinos y cipreses limpian los campos, cubren
enormes extensiones de terreno de árboles naturales, que oxigenan el aire y sirven de
cobijo temporal para decenas de especies. No se cortan todos al mismo tiempo, pues
todos crecen a ritmos diferentes, por lo tanto, con la llegada de la Navidad, no hay
deforestación ni desiertos, tan sólo alegría en las tiendas y en las casas. Y al
final, los árboles muertos son devueltos a la tierra, donde desaparecen en cuestión de
semanas, por la acción de la naturaleza, que sabe muy bien qué hacer con ellos.
¡Ahí estaba mi solución "ecológica"! Me hice consciente de que mi
árbol de plástico -aún vigente y en pleno funcionamiento- sería algún día parte del
problema de la contaminación y no de su solución.
Ahora está en el tapete otra solución ecológica controvertida: los biocombustibles.
Son limpios, sí. No estropean los automotores ni la atmósfera, cierto.
Y son el producto de fuentes renovables de energía, como son las plantas (caña,
maíz, soya, etc.). Sin embargo, ¿son realmente ecológicos? ¿No están
representando la tala inmisericorde de miles de hectáreas de selva virgen para aplicarla
al monocultivo industrial de una sola especie vegetal destinada a llenar los tanques de
los autos? ¿Acaso están allí para solucionar el hambre y la pobreza? Los
alimentos suben, los combustibles no bajan, la tala continúa, el calentamiento global es
ya una realidad presente. ¿Estamos de verdad sosteniendo una alternativa ecológica
a los hidrocarburos? Pues tal parece que no es tan exacto.
Dependerá del tipo de cultivo, dicen algunos -pues
parece que la caña es más sustentable que el maíz en la producción del etanol, por
ejemplo-; dependerá del equilibrio que se sepa establecer entre las necesidades de
alimentar a los pueblos y las necesidades energéticas de estos mismos pueblos.
No lo sé.
Tan sólo pienso que deberían ser muy cuidadosas las soluciones que nos planteemos,
antes de llegar a descubrir que cuando pretendíamos ser muy ecológicos, tan sólo
aumentábamos el problema... :(
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