Agatha Christie
Agatha Christie (1890-1976): Es una de las autoras a
quien más libros le he leído jamás. De sus 81 novelas políciacas he llegado a
leer cerca de la mitad, no una, sino muchísimas veces, y siempre regreso a ellas.
Inclusive, leí con enorme deleite e interés su Autobiografía, la cual
encontré bellamente redactada, cálida y hasta inspiradora. En su forma de escribir
y en sus novelas me parece hallar a una mujer sencilla, tranquila, observadora y de juicio
equilibrado que me hubiera encantado conocer en persona y con quien hubiera disfrutado de
una platica amena, sin poses, ni falsas modestias. Su Autobiografía está
lleno de pasajes hermosos, impregnados de recuerdos cariñosos y felices, de una infancia
apacible, de una familia común, de un entorno amable. Salpica con sus opiniones,
con anécdotas, con filosofías del sentido común que me encantan, que me dan la
sensación de estar frente a una persona real. Incluso cuando tiene que pasar por la
pena de recordar su triste divorcio, lo hace de manera que nunca le hace perder a uno el
optimismo, ni las ganas de vivir. Siempre hay algo bueno a la vuelta de los recodos de la
vida. Algo bueno que te espera y que tienes el deber de disfrutar. Y te hace
comprender la naturaleza de sus personajes principales, tales como Miss Marple y Hércules
Poirot, con sus equilibrados puntos de vista, su falta de mojigaterías o moralismos
siempre perniciosos, y su defensa de la humildad entendida como falta de arrogancia o
soberbia, la cual siempre te sitúa en una adecuada perspectiva de la vida.
Naturalmente, el talento que despliega en sus novelas de misterio es impresionante.
Cuando leí por primera vez una novela suya me sentí impactada por la habilidad
escalofriante en saber crear un misterio y desarrollarlo frente a tus propios ojos sin que
tú tengas la menor idea del desenlace. Es brillante. Leyendo sus libros se vuelve
comprensible por qué recibió el título de la Reina del Crimen. Nada de mayordomos
culpables ni de manchas delatoras. Nada de pistas y pistas por doquier. Todo muy
natural, pero a la vez, extraordinario. Por más vueltas que le des, no encuentras
al culpable ni sus motivos hasta el final, cuando el detective de turno tiene la
amabilidad de explicártelo.
Sus detectives me son entrañables. Hércules Poirot, el
implacable hombrecillo belga, astro de las fuerzas policiales de su país, pero mudado a
Inglaterra, tras su retiro, por la I guerra mundial, es terriblemente arrogante y
perfeccionista (en sus métodos), pero agradable en seguida. El humanismo que
despliega, la flexibilidad frente al dolor humano y su ética son admirables. Se
aboca a la tarea de cazar a los asesinos por considerarlos verdaderas escorias de la
sociedad, y se pone del lado de la víctima, sea como sea, de inmediato. Sin embargo,
posee la capacidad para comprender, en algunas ocasiones, los motivos atenuantes que
puedan presentarse en un caso particular, especialmente cuando el asesino lo ha sido
impulsado por la desesperación y la víctima ha sido en realidad el primer victimario.
Me fascina especialmente en Asesinato en el Expreso de Oriente, El
Asesinato de Roger Ackroyd, Cartas sobre la mesa,
El misterio de la guía de ferrocarriles (The ABC Murders) y Maldad
bajo el sol (Evil under the sun).
Miss Jane Marple es también maravillosa. Una abuelita completa,
aunque solterona en realidad, es la típica viejecita pueblerina de dulce apariencia, muy
modesta y tranquila, que no parece saber nada más que de calabazas y repollos y de
servidoras domésticas, cuando de pronto te suelta un análisis del crimen impresionante.
Por supuesto, descubre a los asesinos donde nadie más puede imaginarlo y siempre
tiene razón, aunque de momento parezca increíble. Tiene una visión del mundo muy
victoriana: moralismo puro de lo correcto y lo procedente, pero se ve
notablemente flexibilizada por una dulzura natural y una comprensión del alma humana poca
veces vista. Me encantó en historias cortas como Miss Marple y Trece Problemas (The
Thirteen Problems) y en novelas como Némesis, El misterio de los anónimos
(The Moving Finger), Un puñado de centeno (A pocket full of rye)
y Se anuncia un asesinato (A murder is announced).
Tommy y Tuppence no son tan queridos para mí, pues no son geniales.
Corren aventuras y se enredan en grandes problemas, pero no tienen la soltura ni la
sabiduría de Miss Marple y Poirot, por tanto, sus casos no me han parecido tan
espectaculares. Sin embargo, son agradables y como matrimonio, maravillosamente
compenetrados. He leído de ellos dos novelas: El cuadro y N or M?,
de las cuales recomiendo decididamente la segunda, pues la primera la encontré algo sosa.
Otras historias de Agatha Christie, aunque no cuenten con ninguno de sus detectives
principales, pueden ser magníficas. Misterios impenetrables y desenlaces
sorprendentes abundan entre ellas también. Yo recomiendo mucho El hombre del
traje color castaño, El misterio de Pale Horse, Inocencia trágica (Ordeal
by innocence), El secreto de Chimneys, Diez Negritos (Ten
Little Niggers), El misterioso Mr.Quin y Muerte en Bagdad (They
came to Baghdad).
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