Isaac Asimov
Isaac Asimov (1920-1992)
fue un prolífico escritor estadounidense de origen ruso que además de ser profesor
universitario, bioquímico y divulgador científico, escribió numerosos relatos, cortos y
largos, de ciencia ficción, a la cual contribuyó a darle forma como género literario,
junto con otros grandes escritores del género. No recuerdo cuándo fue la primera vez que
leí uno de sus relatos, pero sí soy consciente de que sus escritos llenos de acción, de
imaginativas situaciones científicas probables y de sus agradables comentarios
autobiográficos en algunas de sus colecciones de relatos contribuyeron a hacer de mí una
de sus fieles seguidoras. Tengo una importante colección Asimov en mi biblioteca,
desde novelas hasta minirelatos, e incluyo en sus obras varios tomos de divulgación
científica o histórica, que caracterizaron gran parte de su obra como escritor.
A diferencia de otros muchos relatos de ficción científica que habré
leído alguna vez, la ciencia ficción de Asimov se caracteriza por un continuo tono
alegre, optimista, incluso progresista, que hacen pensar que el autor se abocaba por un
futuro prometedor más que ominoso. Confieso que no veo el futuro como un lóbrego
lugar cargado de fantasmas de terror y opresión, como muchas historias de ciencia
ficción prefieren mostrar, pues tal visión suele depremirme y no me permite disfrutar de
la historia. Las historias con propuestas ingeniosas, con aventuras en un futuro distante,
o con misterios envueltos en el entorno de tecnología superior, como suelen ser las
historias de Asimov, me atrapan, me hacen vivir con gusto la ciencia y el avance de la
tecnología, y me hacen pensar que el mundo es un buen lugar para vivir, a pesar de la
dura realidad que nos toca presenciar en el día a día (la única excepción a este
respecto está en la radiactividad que sufre la Tierra en las novelas conectadas con la
serie Fundación, pero lo interpreto como un indicio
de los temores típicos de los años 60 y no como una visión general negativa del futuro
por parte del autor).
Se le criticó alguna vez su poca inclinación al desarrollo de temas
sexuales o al diseño de razas alienígenas, lo cual resolvió en Los propios dioses (1972), donde, en mi opinión,
crea una de las razas alienígenas más sorprendentes y convincentes de la ciencia
ficción. Y su desarrollo de la sexualidad es tal que incluso bordea las relaciones
homosexuales con la naturalidad de un experto científico.
A mí, en lo particular, independientemente de lo mucho que me gustó (y
me gusta) Los propios dioses, no me parecía
ni errado ni poco habilidoso de parte de Asimov el que no se abocara a esos dos temas. No
son, en realidad, condiciones indispensables para el desarrollo de un buen relato de
ciencia ficción, tal como se demuestra en la serie de Fundación,
la cual ganó en su momento el Premio Hugo a la mejor serie de ciencia ficción de todos
los tiempos. Tampoco fueron importantes en los relatos cortos de robots, donde
desarrolló sus famosas Tres Leyes de la Robótica y donde acuñó el término robótica,
el cual es utilizado con el mismo sentido con que él lo creó. Por supuesto, aquí
son de destacar sus novelas con R.Daneel Olivaw, su robot humanoide, el cual, junto con su
amigo humano Elijah Baley, resuelve misterios de corte policíaco (Bóvedas de acero,
El sol desnudo, Robots del Amanecer), las cuales unió eventualmente a la serie Fundación.
Hablando de Fundación y de su conexión con las historias de robots y con
las historias del Imperio Galáctico (Un guijarro en el cielo, Las corrientes del
espacio, Robots e Imperio), uno de los temas más interesantes y originales de Asimov
fue el de la psicohistoria: la capacidad para predecir matemáticamente
el desarrollo futuro de los acontecimientos históricos. Los psicólogos de Asimov eran
matemáticos de gran poder analítico que podían predecir por medio de fórmulas
cuidadosamente desarrolladas cómo iba a desarrollarse la humanidad, qué caminos iba a
seguir y qué margen de error debía considerarse en estas predicciones. Este
postulado narrativo del autor me parece interesante porque Asimov reformula el viejo
recurso de la predicción o profecía de antiguas historias de fantasía y las reviste de
lenguaje matemático hasta niveles insospechados. De hecho, en Segunda Fundación, los psicohistoriadores han
desarrollado tal nivel de capacidad de manipulación que son verdaderos controladores del
pensamiento. Un triunfo en manos de un escritor ingenioso.
Salvando algunos disparates patrioteros (como en un relato en el que era
preciso proteger la Declaración de Independencia de los Estados Unidos o tal vez era su
Constitución como un documento "histórico" de vital importancia), otras
novelas de Asimov se muestran realmente originales. El fin de la eternidad (1955)
es otra preciosa muestra de originalidad, similar a Los
propios dioses, que igualmente se sitúa fuera de la serie de las Fundaciones y que plantea un tema usual de la ciencia
ficción, como es el viaje en el tiempo, desde una perspectiva completamente ingeniosa.
En algunas de sus colecciones (como la Edad de Oro) solía
incluir datos autobiográficos con una hermosa y agradable manera de describir situaciones
que encantaba. Su origen humilde, sus primeros pasos en las revistas de ciencia
ficción de los años 30 y 40, sus chascos y fracasos y luego sus primeros triunfos, son
narrados amenamente, casi como si lo vieras en una película, y te hacen identificarte con
él casi en seguida. Incluye también despiadadas autocríticas, especialmente a
muchos de sus primeros relatos, que te hacen apreciar sus facetas humanas mejor que si no
dijera nada. Estas colecciones son de lectura recomendada para todos aquellos que
quieran adentrarse en el mundo Asimov y apreciarlo con cariño. :)
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