J.R.R. Tolkien
J.R.R Tolkien (1892- 1973) fue un escritor de vastos
conocimientos en lenguas y literatura, además de mitología y temas afines, que sabía
muy bien lo que escribía y que formó una hermosa mitología propia, de corte moderno,
tan convincente que hay quienes se aprenden sus idiomas inventados y hasta ilustran con
detalle cada personaje surgido de su fértil imaginación.
Sobre su vida he aprendido un poco, lo que aparece en sus biografías oficiales.
Me llama la atención de él el que fuera tan fiel a su época: un hombre
correcto, un joven decente y observador de las reglas sociales, rígidas por demás, de
una Europa que cambiaba de siglo no más. Combatió, tomó las armas, como hijo de Gran
Bretaña, pero su pasión eran las letras, las bellezas de las mitologías y costumbres
antiguas, y los relatos fantásticos que llegó a fraguar. Me gusta mucho, y me despierta
el sentir romántico que no creí que todavía tenía, su forma de amar a su esposa.
Edith Tolkien fue su constante, casi como un Aragorn que espera pacientemente poder
aspirar a la mano de su Arwen, y aún después de haber logrado casarse con ella, la
convierte en una de sus inspiraciones y hace surgir el personaje de Lúthien, Estrella de
la Mañana, a partir de Edith. Una idea romántica por demás.
Claro que siempre será de destacar, si revisamos su biografía, los extensos estuios
que realizó en temas lingüísticos y culturales, relacionados con las tradiciones
míticas de los pueblos del norte de Europa, además de su prestigio catedrático. Pero a
mí me gustan detalles como aquel que señala cómo fue mordido por una tarántula cuando
era muy pequeño, lo cual marcó una especie de fijación con arañas; o el detalle
siempre agradable de un padre que escribe las "cartas de Santa Claus" a sus
hijos, cada Navidad, o cómo les leía o inventaba historias, hechas para ellos, costumbre
que daría vida a El Hobbit.
Confieso que El Hobbit y El Señor de los Anillos tuvieron el poder de
fascinarme desde el principio. Imbuida en un mundo fantástico pero creíble, podía
introducirme en sus páginas, vivir cada instante de sufrimiento de los hobbits
implicados, saborear la belleza de los paisajes élficos o sentir la angustia que se vive
en las tierras dominadas por la Oscuridad. Una buena historia de características
cósmicas, donde se ventila el futuro de un mundo entero, tiene el poder de vivir mi
realidad de manera distinta. Casi como si a través de sus escritos pudiera arreglar este
mundo en el que vivimos.
Un sentimiento poderoso que sabe transmitir Tolkien, es, por ejemplo, la nostalgia.
Tal emoción se apodera de los personajes cuando se piensa en la felicidad o en la
belleza que se ha ido y que no volverá, un sentimiento tan humano como cuando pensamos en
un mundo que ya no tenemos, donde los árboles eran dueños y señores de los campos que
ahora ocupan las ciudades... Nostalgia. Está en El
Hobbit, un poco, pero muy fuerte en El
Señor de los Anillos, y decididamente en algunos de los Cuentos Inconclusos.
También en la historia de Aragorn y Arwen, tan triste, tan melancólica, aún cuando sus
dos protagonistas realmente se amaron y vivieron unidos. La prolongada soledad posterior
de Arwen, después de morir Aragorn, es tan profundamente melancólica que se siente
vívidamente cada vez que se la lee.
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