Jules Verne
Jules Verne (1828-1905), o Julio Verne como se
le conoce en español, fue un prolífico escritor francés de novelas pletóricas de
imaginación, aventuras y ficción científica en su estado naciente, además de multitud
de obras teatrales. Nació en el seno de una familia burguesa, en Nantes, Francia,
sin que nada indicara que se convertiría con el tiempo en uno de los autores más famosos
de todos los tiempos. A mí me encanta su fértil imaginación, la precisión de
los datos científicos que maneja (considerando, claro está, la ciencia en el siglo XIX)
y esa enorme cantidad de grandes aventuras que supo idear. Sus libros, como todos
los libros que se convierten en favoritos de mi parte, son esencialmente libros que
conciben la ciencia como una herramienta de progreso y prosperidad, sin suspicacias ni
ataduras. Algunos críticos consideraron al autor como un hombre esencialmente
pesimista en cuanto al futuro y la sociedad que lo rodeaba, pero al menos en cuanto a su
producción literaria de aventuras, la que lo hizo más famoso, no se puede decir que haya
muestras de amargura, al menos en su relación con la disciplina científica.
De su biografía podemos concluir que se trató de un auténtico hijo del siglo XIX.
Incluso en su actitud marcadamente machista (pero no violenta), en su desprendimiento
afectivo tanto con su padre como con su hijo (que marcó amargas rebeldías en éste
último) y hasta su relación con los famosos círculos literarios del momento, donde se
gestaron tantos autores y tantas obras (en cuenta las de los Dumas), lo señalan como un
hombre de su tiempo. Me llamó la atención su laboriosidad (era verdaderamente
trabajólico, aun siendo rico, gracias a sus libros) y su necesidad de documentarse antes
de emprender la escritura de algún libro relacionado con la ciencia. Después de
todo, él fue uno de los propugnadores de establecer relaciones íntimas entre la ciencia
y la literatura, y con justicia se le supone uno de los fundadores de la ciencia ficción.
A mí me encanta su manera de escribir. En general, me gusta la literatura del
siglo XIX. Es considerablemente clara en general, en cualquier país en el que se piense,
y en el caso de Jules Verne, él se esforzó por ser incluso preciso. Algunos
pasajes, ciertamente, pueden resultar algo agotadores (pienso por ejemplo en la primera
parte de La isla misteriosa, donde se afana en describir con rigurosidad cada
detalle del proceso de instalación de los náufragos), pues es prolijo en detalles, pero
en general sabe hilar aventuras intensas y con resultados muchas veces sorpresivos (adoro
los finales sorpresa).
Sus historias se tejen alrededor de los viajes. Viajar, para Jules
Verne, es explorar el mundo y es aprender de él. Y aprender era una parte esencial
en la vida de este autor, que tanto estudió y tanto viajó, recolectando información que
luego transformaba en magníficos relatos de aventuras. Sus novelas principales y
más famosas suelen entrar en esta categoría: Cinco semanas en globo (que le
abriría las puertas de la fama), Los hijos del capitán Grant, Veinte mil leguas de
viaje submarino, La isla misteriosa, La vuelta al mundo
en 80 días, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna (en la que predijo
desde donde se lanzaría el primer viaje a la Luna hasta cuánto duraría y a dónde
volverían -al mar-). Era muy aficionado a describir viajes en mar, a los que estaba
acostumbrado, pues viajó muchísimo alrededor del mundo en sus propios yates, pero los
viajes fuera de serie también entraron en el menú, como el De la Tierra a la Luna,
en un cohete, en globo (Cinco semanas en globo, La isla
misteriosa), o en submarinos (Veinte mil leguas de viaje submarino).
De estos métodos de transporte, el único que fue contemporáneo para él fue el del
globo. Los otros caen en la categoría de las predicciones, que hicieron a Jules
Verne tan famoso. ¡Cohetes y submarinos! ¡En pleno siglo XIX, que apenas se acostumbraba
a elevar la velocidad de los trenes y que no tenía idea de qué cosa sería un automóvil
o un avión!
He disfrutado grandemente las aventuras ideadas por este autor francés tan especial.
Me han hecho soñar, me han hecho reír, y hasta me han emocionado. Su estilo es
informativo, su imaginación portentosa. Cada nuevo libro se parece al anterior en
estas características especiales y leer a Jules Verne es casi una garantía de una
calidad especial. Sus personajes, muy decimonónicos, suelen ser encantadores, y aunque
tiene una visión escasa de las mujeres (las cuales no suelen tener gran importancia en
sus obras), muy propia de su época, tampoco hay en él rastros de misoginia o de
posiciones reaccionarias en cuanto a la sociedad o a la moral. Las aventuras resultan
entonces perfectamente disfrutables para cualquier lector de cualquier edad de cualquier
época que se escoja.
El año pasado se conmemoraron 100 años de su muerte y Francia le rindió homenaje. Yo
se lo rindo también, recordando con cariño las largas horas de hermosa lectura que me ha
proporcionado. No se lo pierdan. :)
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