Ángeles y Demonios (Angels
& Demons)
de Dan Brown - 2000
 En el año 2000
Dan Brown, ahora mundialmente conocido por El Código da Vinci,
publicó lo que puede considerarse su segunda novela en ser publicada, con el título Ángeles
y Demonios. Aunque tuvo una aceptable acogida en aquel entonces, pasó
relativamente inadvertida entre la inmensa gama de títulos que son publicados año con
año. La trama giraba en torno a un personaje bastante original: un profesor
universitario de simbología, llamado Robert Langdon, el cual volvería a ser utilizado
por Brown para esteralizar El Código da Vinci.
Cuando por primera vez vi Ángeles y Demonios en la librería pensé que Brown
intentaba repetir una fórmula de éxito. Me dije "ah, te dio resultado con El
Código y ahora vuelves a la carga... ¡qué rápido que sacaste una secuela!".
Luego me di cuenta de que la "secuela" era en realidad El Código,
aunque mal puede considerársele secuela si lo único que ambas historias tienen
en común es el personaje principal. En realidad, el segundo libro parecería un
episodio más de las "aventuras" de Langdon. Y supongo que así fue concebido
originalmente. Tal vez Brown pensaba hacer una especie de serie. Ha dado
resultado en el pasado y puede seguir dándolo en el futuro.
Dadas estas premisas, no podemos considerar que Ángeles y Demonios sea un progreso
del autor, sino más bien un antecedente. Lo que uno recuerda y critica de El
Código puede tenerse como un avance o un retroceso con respecto a sus otras obras,
las cuales parecen haber renacido a la luz pública por causa del éxito de la última.
Y no tiene nada de extraño, en realidad, que habiendo causado tanto furor El Código da Vinci
quisieran las editoriales y distribuidoras, así como las librerías, desempolvar viejos
éxitos aunque no tan sonados y ponerlos a la venta en las vitrinas al lado del fenómeno
de masas que fue el último trabajo del autor. Muy bien calculado, debo decir, pues Ángeles
y Demonios volvió a batir récords de ventas gracias al patrocinio de El
Código.
Ángeles y Demonios me pareció una lectura intensa y muy entretenida. Lleva a
buen ritmo la intriga, la angustia de los personajes, los planes del villano e inclusive
logra buenos golpes de efecto con los asesinatos, tan dramáticamente dispuestos a lo
largo de Roma. Su estructura general es igual a la de El Código: un
preámbulo donde ocurre un asesinato terrible y de donde arrancará el resto de la trama,
la localización de Langdon gracias a sus especiales habilidades en interpretación de
símbolos, la loca carrera de Langdon hasta el lugar del asesinato original, su encuentro
con la chica (en este caso es una italiana muy atractiva llamada Vittoria Vetra) y luego
el desenfrenado intento por atrapar al asesino y conjurar el peligro. En este caso,
las habilidades de Langdon en la interpretación de símbolos lo llevarán a resolver un
acertijo: la ubicación ancestral del escondrijo secreto de los Illuminati, el cual parece
no haber cambiado de lugar en siglos y cuyas pistas se encuentran en las grandes obras de
arte del Renacimiento esparcidas por Roma. No son pinturas, sino esculturas, pero el
principio es el mismo. La única diferencia sutil con respecto a El Código es
que en éste Langdon es el perseguido mientras intenta resolver el enigma, en cambio en
Ángeles y Demonios es el perseguidor, siempre con el encargo de resolver un misterio
basado en símbolos, claro está.
Otros elementos similares son: el anacronismo, en cuyo caso los recuerdos de los
protagonistas vuelven una y otra vez para enmarcar a los personajes, para explicar sus
íntimas motivaciones y para añadir más misterio a la trama; la utilización de un
supremo villano orquestador que permanece en el misterio hasta el final (en El Código
era el Maestro, aquí es Janus); la presencia ominosa y enigmática de una organización
muy poderosa y ultrasecreta, fundada siglos atrás, que se halla en la esencia misma del
misterio y su solución (en El Código era el Priorato de Sión y sus Caballeros
Templarios, aquí son los Illuminati); el elemento histórico religioso ligado
directamente al Vaticano y por ende a la Iglesia Católica (en Ángeles y Demonios
es omnipresente, por la temática), y una temática controversial. En ambas
historias, la mujer que comparte protagonismo con Langdon es joven y atractiva, de
especiales habilidades en su campo (Vittoria Vetra es científica mientras que Sophie
Neveu es criptóloga) y ha perdido violenta y brutalmente a un hombre ligado a ella por
vía familiar (Vetra pierde a su padre adoptivo, Neveu a su abuelo). En los dos
libros, asímismo, nos topamos con un obcecado y algo testarudo capitán de la policía
(en El Código es Fache, en Ángeles es el jefe de la Guarida Suiza del
Vaticano, Olivetti), y en ambos libros los acontecimientos se desarrollan a golpe de
tambor, sin que haya un instante real de descanso o reflexión. Langdon
prácticamente pasa sin comer durante todo el día en que se desenvuelve la trama de Ángeles
y Demonios, se ve expuesto tres veces a la muerte y aún tiene energía para vivir
los últimos e impactantes acontecimientos de la capilla Sixtina. En toda esa gama
de eventos, el único que me pareció rayano en el ridículo, debo admitir, fue la caída
libre de Langdon desde un helicóptero a varios cientos de metros de altura, con la única
ayuda de una carpa que encontró en el vehículo. En ese momento, me sentí como en una
película de James Bond, donde el protagonista ni siquiera se despeina. Fue
exagerado.
Un detalle que me llamó la atención en Ángeles y Demonios fue un asunto
humano: Vittoria Vetra pierde a su padre en un brutal asesinato a sangre fría en la
mañana. Se siente mal y busca vengarlo, pero al día siguiente en la tarde ya está de
tan buen humor como para jugar con su nueva pareja, totalmente olvidada de su trabajo y de
su padre difunto. No me pareció muy realista que una hija amorosa reaccionara con
tanta frialdad. Me parece que al autor se le olvidó el detalle de que apenas
habían pasado unas 32 horas desde que Vittoria descubriera que su padre había muerto tan
ignominiosamente. (!)
En general, mi conclusión es: repetición de fórmula, repetición de resultados en
cuanto al entretenimiento. Me siento satisfecha por la lectura de Angeles y
Demonios, la trama fue bien desarrollada, la intriga también. El tema era
interesante además (las relaciones entre la ciencia y la religión y la fuerza de
posiciones contrapuestas). Sin embargo, podemos considerar que la verdad detrás del
fenómeno de El Código estriba exclusivamente en su temática especialmente
controversial y en nada más. Si una novela tan intensa y dinámica como Ángeles
y Demonios jamás desarrolló el furor, el debate y las exorbitantes ventas de El
Código, siendo éste tan idéntico al otro, sólo podemos imaginar que Dan Brown se
enfrenta ahora a un interesante desafío: ¿habrá algún tema tan impactante como el que
sirve de base a El
Código da Vinci que logre mantener su próxima entrega en los mismos
niveles? Supongo que los hay... pero tal vez no sean adecuados para una novela de
suspenso como las que Brown escribe. Y después de todo, si El Código pudo
poner en primera plana a sus viejas hermanas y volverlas éxitos de ventas, ¿por qué no
habría de hacer lo mismo por las que le sigan, traten del tema que traten, si tan sólo
respetan la fórmula que hizo a su autor tan característico? Puede ser que
baste. Entretanto, Ángeles y Demonios se disfruta, produce algún grado de
reflexión y listo. Merece tal vez un lugar en nuestra biblioteca como
entretenimiento futuro. :)
(Junio, 2006)

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