Las Crónicas de Narnia: El Príncipe
Caspian
(The Chronicles of Narnia: Prince Caspian)
de C.S.Lewis - 1951
 Respetando el
orden en el que originalmente C.S. Lewis fue publicando los tomos de su famosa saga Las
Cróncas de Narnia, después de El León, la
Bruja y el Ropero, era necesario continuar con El Príncipe Caspian.
Y he aquí que emprendí la lectura con la buena disposición de quien ha disfrutado la
primera entrega y espera poder disfrutar la siguiente. Y no me defraudó en
absoluto.
Deliciosa aventura fantástica, bien destinada a un público infantil mayor de 8 años,
la lectura de El Príncipe Caspian transcurre fluida y sin espesuras innecesarias
ni disgreciones del objetivo inicial. Los cuatro hermanos Pevensie, que habían
abierto la saga en su aventura a través de un ropero mágico y que habían logrado
alcanzar la corona de Narnia, regesan esta vez llamados por la urgente necesidad de
los narnianos y de su nuevo príncipe legítimo, Caspian, el cual ha sido despojado de su
trono de forma injusta y que es el único que se alza para defender los antiguos días y
las formas de vida originales de Narnia. En esta ocasión, los Pevensie ya no son
forasteros desconocidos, sino auténticas leyendas vivientes, que enarbolan el renombre de
haber dado a Narnia su Edad de Oro y quienes pueden hacerla retornar para el nuevo rey.
Aslan, el León mágico de la primera parte, regresa también de la mano de los Pevensie,
y sigue en su papel casi divino, restaurador, y benéfico.
El tono general del libro es alegre y evocador. Más que un relato de conflictos
y guerras, se desliza una historia de cantos y danzas, de alegrías y recuerdos. Los
capítulos encuentran su máximo desarrollo en la descripción de las bellezas naturales
de Narna, por tanto tiempo dormidas o amenazadas, y la necesidad de un retorno a días de
libertad para criaturas de la tierra y del aire, que nada tienen que ver con las ansias
humanas de control y poder. He aquí donde estriba la fuerza de su magia: de alguna
forma, pareciera que la situación ideal es más que el simple respeto a la naturaleza.
Más que no tocar los bosques o no diezmar a los animales, lo que se necesita es
que se les permita vivir en una verdadera armonía con los seres humanos, permitiendo que
se desarrollen en libertad, sin cadenas impuestas por la civilización o el deseo de
agotar los recursos que tan generosamente han ofrecido siempre. Una imagen
interesante fue aquélla en la que el río (el dios del río) le solicita a Aslan que lo
deje fluir con libertad: "Suelta mis cadenas", le pide. Y todo se aclara
cuando Aslan ordena que se destruya el puente que agobia al río y no lo deja fluir en
libertad. ¡Un puente! ¿Pueden imaginar entonces lo que podría representar una
represa hidroeléctrica?
¿Simbolismos religiosos? Tal vez no tan fuertes como en el primer libro, pero
siempre presentes, están aquellos postulados cristianos sobre el deber del hombre de
reinar -sabiamente- sobre las criaturas de Dios. Las criaturas de Narnia, las
originales, no son humanas. Ningún humano es original de Narnia, como bien lo
aclara el propio Aslan. Han venido de otro mundo a través de una puerta mágica.
Pero sólo un humano -un hijo de Adán- puede ser rey legítimo de Narnia.
Por eso es que sólo los Pevensie al principio, y Caspian, ahora, pueden reinar
legítimamente en Narnia. Se le ha otorgado al ser humano la prevalencia sobre la
Creación, es evidente. Sin embargo, no puede ni debe ser un reinado irresponsable.
Se espera entonces que el Rey de Narnia sea justo, sabio y benéfico. Así
como los Pevensie fueron grandes Reyes del pasado, justos y sabios, así debe Caspian
hacer lo mismo.
Lo único que me llamó la atención de la historia es la poca presencia del supuesto
protagonista. Caspian adolece de una personalidad carismática o recordable.
Más parece un niño asustado que un verdadero rey. El libro es llevado de la mano
de los Pevensie, que en todo momento toman la iniciativa de la acción y llevan adelante
el proceso para restaurar el orden en la nación. Desde ese punto de vista, más
habría valido un "Regreso a Narnia" que "El Príncipe Caspian" como
título del libro, pues programa una lectura diferente.
Sin tonos épicos o grandilocuentes, esta segunda entrega de Las Crónicas de
Narnia, continúa costruyendo una imagen mágica -más bien, maravillosa- de un mundo
paralelo, donde la Naturaleza reina con especial esplendor de la mano de la libertad y de
la sabiduría.
(Mayo, 2008)
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