Diez relatos de ciencia ficción
de varios autores - Ed. Plaza & Janés 1995
Hace una década compré un libro de relatos de ciencia ficción y lo dejé en un librero
sin volverlo a ver. Sin embargo, un día cualquiera, a finales del año que acaba de
terminar, me topé con el dichoso libro y me pregunté por qué jamás lo había
leído. Naturalmente, me entregué a la tarea del hacerle el honor, pues un libro
que no es leído no ha cumplido su propósito fundamental en la vida. Se trata, en este
caso, de una antología de relatos escritos por grandes nombres de la ciencia ficción de
la segunda mitad del siglo XX, que abordan grandes temáticas, desde la exploración
espacial y el encuentro con seres de otros planetas o con los planetas y estrellas en sí,
hasta la relación humanos- alta tecnología, criterios de la exploración científica y
hasta ecología. Todos, excepto quizá Desaparición de Richard Matheson, al cual
yo hubiera considerado más propio de la fantasía que de la ciencia ficción. La estrella imposible (1963), de Brian Aldiss, relata la
angustia sufrida por los tripulantes de la nave espacial Wilson, al caer en una
nebulosa inexplorada, donde las comunicaciones son prácticamente imposibles. Atrapados en
lo que parece ser un asteroide a la deriva, sufren los continuos amaneceres y atardeceres
de una gigantesca masa estelar a la que denominan "Berta", que parece ser un sol
gigante nacido de materia espacial muerta y cuya demoledora presencia los lleva al borde
de la locura. El intenso drama que viven los hombres de la Wilson se superpone a
la existencia probable de cuerpos celestes como "Berta", la cual me produjo la
sensación de ser la materialización de la grandeza del espacio sobre nuestra propia
insignficancia.
Visiones de robot (1991),
de Isaac Asimov,
aborda otro gran tema de la ciencia ficción de todos los tiempos: los viajes en el
tiempo, el cual mezcla con otro de sus grandes temas, la existencia de robots
antropomórficos (es decir, con cabeza, dos brazos y dos piernas unidos por un torso) y su
utilización probable por verdaderos humanos. En un futuro, para nosotros cercano,
durante el año 2030 de nuestra era, un grupo de científicos, llamados los Temporalistas,
envían a uno de sus robots más simples a un viaje en el tiempo, con el fin de probar la
eficacia y conveniencia de una nueva máquina del tiempo y al mismo tiempo saber qué
será de la humanidad y del planeta 200 años en el futuro. El robot regresa con
visiones de un porvenir altamente probable. El viaje en el tiempo es tratado de
forma precisa, con sus inevitables paradojas y posibles consecuencias, mientras se hace
una intensa reflexión sobre el papel de los robots en el progreso y salvaguarda de la
Humanidad.
El picnic de un millón de años (1946), de
Ray Brabdury, describe las vicisitudes de una familia común cuando se ve obligada a huir
con algunas pocas pertenencias hacia Marte en un cohete privado, antes de sucumbir en una
terrible guerra que devasta la Tierra. El relato es un intenso drama, de nostalgia y
lamento, sobre las consecuencias de nuestro uso insensible de la tecnología y el poder, y
cómo recaen con mayor dureza sobre el ciudadano común, el padre de familia, el ama de
casa, los niños, el comerciante, el oficinista... Es notable en este relato cómo el
énfasis descansa sobre la realidad humana de las guerras sin sentido y del hombre
común. La tecnología es tan sólo el trasfondo de esta realidad.
Antes del Edén (1962), de Arthur C. Clarke,
relata el viaje que un par de científicos y un ingeniero realizan en el interior de
Venus, donde descubren una extraña forma de vida. Para mi sorpresa, el cuento
termina transmitiendo un mensaje de implicaciones ecológicas, donde se hace énfasis en
el carácter destructivo de la actividad humana, aún de la puramente científica, sobre
cualquier otra especie y hasta sobre ecosistemas enteros, por culpa del descuido y de la
curiosidad devoradora e insensible de nuestra especie.
Impostor (1968), de Philip K. Dick, inspiró
una película del mismo nombre años después, como otros relatos de Dick y algunas de sus
novelas más famosas. En medio de una guerra tremenda entre una civilización alienígena
y la Tierra, el cuento narra paso a paso la angustia que sufre el protagonista al ser
aprehendido bajo la acusación de ser en realidad un robot enemigo, destinado a destruir
la civilización humana, y de haber dado muerte al humano real al que suplanta. La
lucha por la credibilidad, el pánico colectivo causado por una guerra desgastante, la
virtual imposibilidad de luchar contra el prejuicio, se unen en un intenso drama
psicológico hasta su desenlace.
Las estrellas en la roca (1973), de Ursula K.
LeGuin, transcurre en una época pasada, cuando un astrónomo sufre la incomprensión, el
miedo y la persecución de un pueblo ignorante y de una Iglesia temerosa, que lo obligan a
refugiarse en las minas abandonadas y a buscar nuevas estrellas lejos del cielo. Este
relato resulta diferente, al abandonar el futurismo y la fascinación de los grandes
eventos tecnológicos y abocarse a los desafíos y el tesón del auténtico
científico. La manera en que él puede descubrir un universo de estrellas bajo la
tierra me resultó casi poético, mientras el cuento entero parece poner su atención en
lo divino que hay en la ciencia verdadera y en la capacidad del hombre de dejarse
iluminar.
Albatros (1968), de Stanislaw Lem, me pareció uno de los
más curiosos en esta colección. Un piloto que viaja como particular en un crucero
espacial asiste accidentalmente a la emotiva escena del rescate espacial de la nave Albatros
en pleno espacio. El protagonista no hace básicamente nada, lo cual lo convierte en
nuestros ojos, testimonio vivo, de un drama futuro que también presenciamos en el
presente.
Desaparición
(1953 & 1981), de Richard Matheson, es un interesantísimo relato dramático en
el que el protagonista ve desaparecer su mundo de forma acelerada e inexplicable, como si
una fuerza contrapuesta incontrastable estuviese decidida a borrarlo a él y a su entorno
del mapa. El cuento se vuelve cada vez más intenso, sin dejar su profunda
intimidad, lograda tal vez por el formato: un diario personal. A través de ese
diario, vemos los acontecimientos en los ojos del protagonista de forma absoluta y al
mismo tiempo limitada, lo que acrecienta el sentimiento de incertidumbre y
desconcierto. Sin embargo, de alguna manera, me pareció más un relato de corte
fantástico que de ciencia ficción estricta.
Los monstruos (1954), de Robert Sheckley,
vuelve a la exploración espacial y la existencia probable de otros mundos. En este
caso, la narración se hace desde el punto de vista de seres inteligentes que habitan un
planeta en particular y que presencian la llegada de un raro aparato metálico gobernado
por una raza aparentemente inteligente a quienes ellos llaman
"monstruos". No se aclara en ningún momento quiénes son los
"monstruos", pero queda claro para el lector que los protagonistas tienen no
sólo un aspecto monstruoso sino también una conducta monstruosa. De
alguna manera, sin embargo, podemos identificarnos con sus temores y sus aprehensiones y
también llegar a una reflexión sobre la incidencia de una cultura sobre otra que le es
ajena, en medio de un relato cargado de ironías y virajes simpáticos.
Y he llegado a este lugar por caminos errados (1975),
de James Tiptree Jr., aborda un futuro lejano, en el que la investigación científica
está unida a la clasificación monumental de computadores de alto nivel y se ha dejado la
investigación de campo en manos de técnicos e investigadores "menores".
En medio de este clima que se vuelve irracionalmente opresivo y sin sentido, un
antropólogo de reciente admisión en el egregio cuerpo científico, se aventura en una
extraña y aparentemente insensata exploración de campo, mal comprendida y mal vista, que
lo lleva a conclusiones impensables y reveladoras sobre el verdadero trabajo del
explorador y sus reales consecuencias.
Cada relato me llevó a una faceta de la realidad científica y social distinta, pero
humana al mismo tiempo. Y cada relato me dio a pensar que ese futuro que vemos con
expectativa muchas veces puede ser oscuro o incierto, aunque estemos armados de grandes
descubrimientos y aunque contemos con la mejor y más fina tecnología que una raza en el
universo pueda lograr.
(Enero, 2007)
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