El Camino del Acero
de Andrés Díaz Sánchez - 2006
Hace
un par de años recibí como parte de un premio un ejemplar de El Camino del Acero
del joven autor español Andrés Díaz Sánchez. De primera impresión me parecía
una novela de fantasía más, al uso, la cual empleaba héroes inspirados en la Grecia
clásica en vez de los típicos caballeros medievales como máximo aporte de originalidad.
Como tenía otras lecturas entre manos, la dejé en suspenso, hasta que finalmente
emprendí su lectura hace poco.Bien, en primer lugar, me sorprendió. El
principio es algo lento. Uno de sus capítulos, concentrado en una larga
explicación sobre el mundo fantástico en el cual se desarrollaba la trama, ralentizaba
la historia, pero poco después, ésta se despegó con inusitada energía, hasta que
finalmente tuvo la virtud de envolverme satisfactoriamente, con una verosimilitud tal que
casi podía ver a los personajes, escucharlos, incluso oler los paisajes.
La historia arranca con Carlos Alonso Juárez, joven español de naturaleza débil, que
se encuentra en sus últimos momentos de vida. No puede moverse ya de la cama del
hospital en la que yace y sólo se despide de este mundo antes de entregarse a la muerte.
Sin embargo, no es la muerte la que lo recibe, sino el cuerpo de Dargor Atur,
especie de príncipe de una extraña ciudad-estado, ubicada en un mundo completamente
ajeno a todo cuanto ha conocido o vivido. La ciudad-estado, llamada Sarlia, es uno
de los principales focos civilizados de una vasta región llamada Durba, ocupada por otras
muchas ciudades-estado de diferente tipo de población y grado de prosperidad, que está
rodeada por montañas y llanuras extensas. Sarlia se halla en el norte. Está
regida por una democracia guerrera, donde el máximo ejecutor de las decisiones políticas
es el sigra, elegido por cinco años, y el jefe de los ejércitos es el ornai, el hijo del
sigra, cargo que ostenta Dargor Atur. Cuando éste "despierta", se da
cuenta de que debe demostrar a sus conciudadanos que sigue siendo el mismo guerrero osado
y letal que fue, mientras intenta explicarse cómo pudo abandonar el cuerpo mequetrefe de
Juárez y ocupar el poderoso cuerpo de un héroe de guerra.
Las vicisitudes de Dargor Atur, alias Carlos Alonso Juárez, nos llevan a conocer la
región de Durba, desde las calles y palacios de la hermosa Sarlia, hasta el frío
desolado de las montañas en el norte donde los sarlios deben enfrentar la hostilidad de
los alais, bárbaros no humanos cuya principal ocupación parece ser la de saquear y
destruir todo cuanto Sarlia ha construido con esfuerzo; desde las riberas del río Amitas
que cruza toda la región hasta los túneles de ciudades extrañas. Ha de enfrentar
batallas, animales salvajes y emociones violentas, amores y traiciones, coraje y angustia.
La novela te hace vivir la vida de Dargor desde su propia perspectiva, lo cual la
vuelve personal, íntima incluso. Los personajes están muy bien logrados, con sus
facetas bien distinguibles, y los saltos entre momentos de paz y momentos de tensión se
suceden con fluidez.
El único punto que no me terminó de cuajar fue el final. Creo que no lo
encontré a la altura del resto de la aventura, pero es una apreciación meramente
personal, altamente debatible desde muchos puntos de vista.
Si tienen la suerte de hallarlo aún en alguna librería, esta novela es un punto
refrescante en el panorama de la fantasía de hoy en día, que no puedo dejar de
recomendar. :)
(Septiembre, 2009)
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