El Código da Vinci (de Dan
Brown)
(Leído en septiembre del 2005)
Mucho se habla acerca de los best sellers: de
por qué son exitosos, de por qué no son verdaderas obras de arte, de por qué deben ser
considerados un género aparte, etc. Personalmente pienso que tal discusión es
irrelevante, dado que el término en sí se refiere a su éxito en las ventas de librería
y poco o nada tiene que ver con su calidad literaria. Sin embargo, la expresión
"best seller" sigue siendo un indicativo de un fenómeno social o de masas
particular que nunca debería ser pasado por alto.
Ahora bien, cada best seller será diferente, necesariamente. Y se habrá convertido en
tal por razones particulares. Así, si ponemos en una misma mesa a Harry Potter y
al Código da Vinci, sabremos de inmediato que, aunque ambos son espectaculares
éxitos de librerías, son fundamentalmente distintos... al menos en temática y público
meta. Pero posiblemente los compremos los dos tan sólo porque encabezan las listas de
éxitos.
Confieso que compré el Código da Vinci por la publicidad creada a partir de la
controversia y del éxito económico. Tal vez lo hubiera comprado de todas formas, o tal
vez no, pero el caso es que caí a causa de la curiosidad.
Como entretenimiento y lectura de placer, el Código me atrapó. Acción
acelerada, personajes atractivos y un buen misterio desgranado con lentitud suficiente
como para hacerme continuar con la lectura lo ubicaban de inmediato en la categoría del best
seller clásico. O lo que yo llamo un best seller clásico, es decir, un
libro concebido para atrapar a un buen número de lectores incautos: mucha acción (mucha,
mucha acción: corre, corre, de aquí para allá), que arranca a partir de hechos
violentos o sorpresivos (como un asesinato -en este caso de un pobre anciano-), con
personajes atractivos (que tal vez se envuelvan en algún tipo de relación sexual o al
menos sensual), sexo por aquí y por allá, y un misterio tremendo, de alcances casi
cósmicos. Ah, y no se me puede olvidar, el malo. Todo esto convenientemente combinado
puede darte un gran entretenimiento. Y me lo dio.
Si nos fijamos en su calidad literaria... bueno, lo que se puede decir un gran libro... no
es. Creo que un gran libro se define en gran parte por su capacidad real de convertirse en
clásico. Es decir, en un libro amado por los lectores, leído una y otra vez a lo largo
de generaciones. No considero a un libro como un "clásico" porque lo diga el
círculo de intelectuales. En realidad, esa es tan sólo una buena opinión a tomar en
cuenta, pero si el libro en cuestión sólo sirve para rellenar los huecos de los estantes
de la bilbioteca de la casa, podrá estar muy bien escrito, pero no es un clásico.
Poniéndome a pensar en tal cosa, Little Women (Mujercitas) es un
verdadero clásico. ¡Leído y leído y vuelto a leer por generaciones enteras de lectores
diversos en muchas lenguas! Y sigue vigente. Otro ejemplo, claro está, es el famoso Quijote.
No cuando tenemos que leerlo porque nos lo mandaron en la escuela, sino cuando lo leemos
con placer una buena tarde de lluvia con una taza de café al lado. Es bien divertido. Y
viejisimo. Otros ejemplos será,n naturalmente, los libros de Dickens o los libros de
Dumas o los de Jules Verne, etc. En fin, considerando todo esto, puedo atreverme a decir
que el Código no encaja en esta categoría. Una vez finalizado, se deposita en
el estante y se olvida.
Lo que no se olvida es la temática. Pero no será necesariamente mérito del libro,
aunque le reconozco que supo exponerla. Me refiero, claro está, a esa controversial
teoría en la que Jesús de Nazareth y María Magdalena fueron esposos, en que ella fue
una más de los apóstoles, posiblemente el más importante, y que huyó hacia Europa
luego de la muerte de Jesús, con su hijo (en este caso, hija) en brazos. Una fascinante
línea de investigación histórica, biográfica y teológica que el Código supo
exponer al mundo. Quizá, si este libro no hubiera novelado esta teoría, tal teoría
habría pasado inadvertida para la mayoría de los creyentes y no creyentes del mundo,
afincándola en la categoría de las curiosidades intelectuales. Pero con la novela, la
teoría se expandió y sacudió conciencias y levantó debates y encendió la imaginación
o el furor de millones de lectores. Tal fenómeno sí es mérito del Código y
pienso que no podríamos arrebatárselo.
También, sin duda, y como efecto colateral, la novela de Dan Brown, hizo actual a un
genio tan brillante como lo fue Leonardo da Vinci. Sus obras fueron vistas otra vez con
ojos de interés, sus biografías fueron remozadas y se vendieron bien, y estoy segura de
que hasta el Museo del Louvre vio incrementarse las visitas al ala donde se exponen las
obras del famoso pintor italiano. ¡Y ni se diga lo que puede ocurrir cuando se estrene la
película! (si es que Dan Brown y Random House salen airosos del proceso que viven ahora
en Londres, claro está).
Queda recomendado, para una buena tarde de entretenimiento puro. :)(Abril,
2006)
|
-
- |