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DIARIO DE LECTURAS

El hombre invisible  (1897), de H.G.Wells
(Leído en marzo del 2006)

invisible.jpg (4951 bytes)Al concluir la lectura de El hombre invisible, te quedas con una extraña sensación de fatalismo en la mente. No existe la menor fe en el género humano, ni moral, ni ética, ni siquiera grupal.  No hay verdaderas lealtades ni sentimientos de consideración hacia el prójimo. La ciencia, mal entendida, puede volverse mortal y dañina, y realmente peligrosa si cae en manos de un ser absolutamente egoísta e irresponsable, además de megalómano, que sin parar mientes en los daños que causa, deambula por el país intentando llevar a cabo una especie de dominación masiva, gracias a un terrible descubrimiento que lo ha vuelto invisible.

La historia de Wells no inspira ni compasión ni cariño.  No se interesa por lograr una identificación del lector con el personaje principal o con alguno de los secundarios. No hay una comunión íntima con los personajes, como sí se logra con otras historias.  Es un frío relato de sucesos crudamente descritos que obtienen como resultado lograr que el lector se sienta disgustado y hasta indignado con las acciones del protagonista.  Una especie de antihéroe.  Y en este sentido, la historia es magnífica.

La ciencia ficción del estilo de Jules Verne trataba la investigación y la ejecución de disciplinas científicas desde un punto de vista progresista.  El optimismo es palpable.  La ciencia es maravillosa, porque acerca al hombre a la verdad y al dominio de la naturaleza, y el científico es en esencia un ser admirable, desprovisto de contaminantes ideológicos, motor del progreso de las naciones y de los individuos.   En el caso de Wells, en cambio, vemos al científico de cara a su faceta más oscura.  Y es que, bien pensadas las cosas, ¿no es una visión más realista, más apegada al mundo? ¿Quién dijo que los científicos no son humanos, seres de carne y hueso, con complejos y debilidades, que podrían muy bien caer en conductas aberrantes y utilizar la ciencia no como una palanca de progreso sino como un arma para sus propios fines?  Y con escalofriante seguridad, Wells retrata precisamente un ser abyecto como ese, que sin poderes especiales, más que una inteligencia prodigiosa, descubre el secreto de la invisibilidad y lo usa en perjuicio del prójimo.

La historia fue escrita en 1897, pero el encuadre de la historia es escalofriantemente actual. No hay una ubicación histórica de importancia.  La invisibilidad sigue siendo tan teórica y ficticia como entonces y el tipo humano que la desarrolla en el relato es estremecedoramente moderno.

Su pulso es firme, su ritmo casi frenético. Magnífica, de principio a fin.  Para el amante de la ciencia ficción, lectura obligatoria, pues no es posible ya leer las nuevas producciones sin antes presentarse con los maestros y fundadores.  H.G. Wells me causó precisamente ese impacto. :)

(Abril, 2006)


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