El Maravilloso Mago de Oz (de
Lyman Frank Baum)
(Leído en mayo y junio del 2006. Primera edición: 1899)
Con el éxito impresionante que tuvo y sigue teniendo Harry
Potter, muchos se han permitido frases como "no sabía que los niños podían
leer tanto" o "finalmente se independizaron de los juegos de video y de la
televisión" o "¡por fin volvieron a los libros!". En todas estas
expresiones era notable un sentimiento generalizado de alivio, como si antes de Harry
Potter lo único que podías encontrar en la sección infantil de las librerías
fueran libros con muchas ilustraciones, pocas líneas, letras grandes e historias
insulsas. Y no es que se pensara en los grandes cuentos clásicos, como La Bella
y la Bestia, o Caperucita Roja, o Hansel y Grettel, no. Tales
historias inmortales se las seguía teniendo muy en cuenta, pero de algún modo se
consideraba que eran historias algo pasadas de moda que los niños preferían ver
adaptadas en las producciones de Walt Disney, y que no contaban con obras más modernas
con niños protagonistas de nuestra era. En cambio, con Harry Potter
tenías un libro largo, bien nutrido de letras, escasas ilustraciones y una historia harto
más compleja. Es decir, tenías material de lectura mucho más exigente. Sin
embargo, ahora pienso que tales impresiones surgían de una generación que creció con el
televisor y que olvidó que además de Harry Potter y los cuentos inmortales de
siglos atrás, también existía una variada gama de historias mucho más modernas,
"para niños", que aguardaban ser redescubiertas. Y es que mi generación
ciertamente creció ayuna en historias modernas. En este sentido, si algo debemos
agradecerle a Harry Potter no es tanto que haya puesto a leer a los niños de
hoy, sino más bien, que haya puesto a los adultos como yo (niños de apenas ayer) a buscar
más historias modernas, del mismo corte que Harry Potter, para darles a los
niños de hoy material de lectura, entre tomo y tomo del famoso mago. Y
entonces, redescubrimos Narnia, Alicia en el País de las Maravillas,
¡y al Mago de Oz! Inclusive, en tiempos recientes me di cuenta de que el
famoso Mujercitas de Louise May Alcott era también literatura para niños.Hace
poco concluimos en casa la lectura de El Maravilloso Mago de Oz, de Lyman Frank
Baum. Nunca había tenido la oportunidad de pasearme por sus páginas y no
pertenecí a la generación que disfrutó de la película de Judy Garland, así que para
mí el Mago de Oz era tan sólo un eco de una historia con una niña, un hombre
de hojalata, un espantapájaros y un león. Y eso era todo. Al comenzar la
lectura del famoso libro, me di cuenta de que había dejado pasar por muchos años un
universo pleno de imaginación y creatividad, así como de interesantes pensamientos y
agudas observaciones sobre el mundo.
En medio de la desolación de Kansas, una niña, Dorothy, es arrastrada junto con su
casa por un poderoso tornado que la eleva por los aires y la hace aterrizar en medio de
una tierra mágica, extraña, rodeada por un impensable desierto y de la cual nadie sabe
decirle como salir. En su accidentado aterrizaje, cae sobre la Bruja Malvada del
Este y la mata, lo que le atrae la gratitud de los hombrecillos que habían sido
esclavizados por ella y la benevolencia y bendiciones de la Bruja Buena del Norte, que le
sugiere viajar a la Ciudad Esmeralda para que sea el Gran Oz, poderoso Mago y gobernante
de la bella ciudad verde, el que le indique lo que debe hacer para regresar a su hogar.
En el camino, Dorothy se encuentra con un espantapájaros parlante, al que baja de
su puesto en medio de un campo de cultivo. El hombre de paja se une a ella en su
viaje, pues desea que el Gran Oz le otorgue un cerebro, para poder pensar y ser
independiente. Luego, en medio de un bosque, se topan con un hombre de hojalata, que
se ha quedado inmóvil, oxidado, pues una lluvia repentina lo mojó por completo antes de
que pudiera refugiarse en su casa. El hombre, de oficio leñador, se une a la
partida pues piensa que el Gran Oz le puede otorgar un corazón, para poder sentir y amar
de nuevo. Había sido un hombre de carne y hueso antes, pero por culpa de las
maldades de la Bruja del Este, había ido cambiando sus partes por piezas de hojalata
hasta quedar hecho totalmente de dicho metal. Finalmente, en lo más profundo del
bosque se topan con un impresionante león que resulta padecer de una terrible cobardía
de la que quiere librarse, por lo que decide acompañar a Dorothy y sus nuevos amigos para
pedirle a Oz que le proporcione valor. Con Dorothy viaja también su perrito, Totó,
que ha venido desde Kansas junto con ella.
El viaje es por demás accidentado y lleno de aventuras imprevistas llenas de
creatividad, pero a mí me enamoraron los personajes. El Espantapájaros resulta ser
un hombre muy inteligente y lleno de sentido común, aún sin el ansiado cerebro, en lo
que demuestra cómo podemos ser inconscientes de nuestras virtudes. Tal idea se
refuerza conforme comprobamos que el el Leñador de Hojalata posee más sentimientos y
bondad que un simple mortal con corazón propio y que el león es mucho más valiente de
lo que se imagina. Al mismo tiempo, el creciente lazo de camaradería y lealtad que se
forja entre los disímiles compañeros recrean una idea muy interesante sobre la verdadera
amistad: no nos hacemos amigos necesariamente de quien es igual a nosotros, sino de aquel
que nos complementa y que nos acepta como somos. La confluencia de intereses explica
la alianza inicial, pero sólo la amistad verdadera justifica la lealtad cuando ya no
existe ese interés común: cuando todos han obtenido lo que desean, menos Dorothy, y sin
embargo abandonan su posición privilegiada sólo por ayudarla a alcanzar su objetivo.
Algunos elementos son precedentes de historias posteriores. Por ejemplo, la Bruja
Malvada del Oeste posee una tropa de lobos bajo sus órdenes, que cumplen la labor de una
especie de policía o guardia de matones, tal como la Bruja Blanca en Narnia.
Ambas Brujas, a su vez, son dueñas de enormes castillos repletos de mazmorras y
misterios, y en ambas historias la presencia de un león enorme y beneficioso es
significativa, aunque el de Narnia posee ciertamente un aire místico. Siempre en
relación directa de ambos libros, tanto en Narnia como en el Mago de Oz,
los ratones cumplen una delicada labor de ayuda para con el león caído. El tema de
la fuerte amistad entre seres muy diferentes entre sí es recurrente en muchas historias,
aunque recuerdo de forma especial la que se da en El Señor de los Anillos con su
"Comunidad del Anillo", por ejemplo.
La historia es rica en imágenes creativas. Un pueblo hecho de porcelana.
Unos hombrecillos sin miembros, cuya cabeza se dispara como un resorte. Un grupo de
monos alados, que cumplen los dictámenes de aquel que posea el sombrero de oro. Seres
monstruosos, combinaciones de animales diferentes. Una ciudad entera donde todos los
habitantes deben llevar anteojos verdes. ¡Imaginación desbordada, combinada con
maestría! Y nada de blanduras excesivas. Si eres atacado por un ser malvado,
cargado con crueles intenciones, ¿por qué has de dudar en defenderte? Con la
misma precisión con que se es bondadoso y leal, así se ha de ser decidido, de suerte que
cualquiera de los amigos de Dorothy no duda en matar fríamente si son atacados y se ve
que el peligro es real y certero. La firmeza, la decisión y la presencia de ánimo
acompañan a la bondad, la lealtad y el valor. Principios universales de dignidad
humana que se vuelven todavía más imprescindibles en un mundo tan violento como el que a
nuestros niños les ha tocado vivir.
Para pasar momentos de enorme placer en la lectura de un buen libro, al mismo tiempo
que quieres la oportunidad de plantearte de nuevo viejas preguntas, El Maravilloso
Mago de Oz es una lectura más que recomendada, no sólo para los niños de hoy sino
para todos aquellos niños de ayer que se la perdieron. Decididamente, una de las mejores
historias que se han escrito en los últimos 100 años.
(Julio, 2006)
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