El Señor de los
Anillos (The Lord of the Rings)
de J.R.R. Tolkien
- 1954/55
  Esta es,
como es de esperarse, mi obra favorita de Tolkien. Ella sola vale la pena la obra entera
de Tolkien. Con tonos de épica y a la vez de novela de aventuras, te deslizas por un
mundo fascinante de personajes, lugares, tradiciones y leyendas, magia incluida, pero no
demasiada, portentos heroicos y nobleza real. Comienzas, por supuesto, con los
hobbits, los que me parecen son personajes entrañables a Tolkien, más que ninguno, y
terminas de nuevo con ellos. Pareciera que en los hobbits se anidan los hombres
comunes, el hijo de vecino, aquel que te encuentras a diario en la panadería por la
mañana y tal vez en el camino una que otra tarde. Casi enseguida, los
amas. Casi enseguida, sufres con ellos. Entiendes a Frodo, entiendes a Sam. Los
parientes Merry y Pippin se vuelven simpáticos de inmediato, y eres capaz de seguirlos
hasta el fin. Sam, de entre todos ellos, me parece especialmente
querido. Valiente y leal, maravillosamente cuerdo y pleno de sentido común, es la
encarnación perfecta del amigo ideal, del compañero imprescindible. Y lo admiras
más por cuanto a pesar de su exiguo tamaño y su humilde raigambre, se mide de tú a tú
con monstruos de leyenda (Ella-Laraña) y es capaz de llegar hasta las últimas
consecuencias sin arredrarse. Pero nunca pierde el optimismo, ni el cariño por el
hogar ni la sensatez. Yo lo admiro profundamente. Es el personaje que quisieras
conocer en la vida real.
Por otra parte, el tono épico del final de la novela puede volverse algo cansado, pero
se compensa con la intensidad de la acción y la angustia final que padecen los
implicados. Del tercer libro el capítulo más emotivo es, para mí, "El monte del
destino". En ese capítulo se resumen todos los temas del libro, todas las
angustias y todos sus objetivos. La crueldad, la ambición y la extrema desesperación del
Señor Oscuro se muestran junto con el extremo servilismo de los Nazgul, que acuden al
llamado de su señor. Todos sus planes, todos sus objetivos se encuentran en la
cuerda floja. Aquí se sabe si los sufrimientos de Frodo y sus amigos tuvieron
razón de ser, si Gandalf acertó y si Elrond y los otros grandes señores del pasado
escogieron el buen camino. Aquí se prueba, al límite de lo inimaginable, el poder
de la lealtad, del sentido de la responsabilidad, del valor auténtico, de la resolución
impostergable, de la amistad misma. También se prueba si Bilbo tuvo razón al
perdonarle la vida a Gollum en aquella memorable ocasión en que el hobbit tuvo la
oportunidad de cercenarle el cuello en la oscuridad de un pasillo de los trasgos (El Hobbit). En este
capítulo el amor se enfrenta al poder oscuro y el destino es quien resuelve el
conflicto. Es un capítulo que vale la pena la historia entera.
El libro en general es riquísimo, naturalmente. Se puede leer sin pretender extraer
ninguna conclusión, disfrutando plenamente el sólo desarrollo de una historia
accidentada. Se puede leer también intentando sacar conclusiones, relacionadas con
nuestro propio entorno. Para mí, por ejemplo, es vital en este libro la defensa de
los bosques que se mueren al paso de la industrialización irracional y cruel. En el
tiempo en que Tolkien escribía El Señor de los Anillos, en Inglaterra y en
Europa entera las industrias, ávidas de energía y tierras, devastaron zonas boscosas
enteras, que hoy tan sólo viven en las obras de algunos artistas. Y lo peor de todo es
que hoy en día sigue ocurriendo lo mismo, ya no en Europa tanto como en enormes
extensiones de tierra perteneciente a países del Tercer Mundo, que en su búsqueda
desesperada por energía y alimentos acaban con ecosistemas enteros y destruyen su única
esperanza de supervivencia a largo plazo.
Otro tema importante en este libro que se me hace impresionantemente actual es
posiblemente la desolación que produce la guerra llevada adelante por señores oscuros en
ambición y crueldad. No sé en quién pensaría Tolkien cuando describe a su Señor
Oscuro, pero bien podría pensarse (o así yo lo supongo) que Hitler se enmarcaba
perfectamente dentro de su descripción, por su desmedida ambición y su crueldad
fundamental. O tal vez pensara en Stalin, el cual, por cierto, era a su manera un
Señor Oscuro del Este también, al igual que Sauron. O tal vez en una combinación
de ambos y de otros monstruos humanos que para nuestra desgracia han llegado a ocupar
importantes cargos políticos en varios países poderosos de nuestro mundo. Frente a
esas guerras irracionales sólo se podía luchar con enterza, nobleza y resolución, tal
como lo hace Aragorn, Éomer, Gandalf y los propios hobbits.
La riqueza de lecturas de El Señor de los Anillos es maravillosa. Me
fascina porque siempre puedo leerlo otra vez, puedo volver a ilusionarme y a sufrir con
él y puedo extraer nuevas conclusiones y nuevos pensamientos. Lectura, en mi
opinión, altamente recomendable. :)
(Abril, 2006)

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