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DIARIO DE LECTURAS

La isla misteriosa
De Jules Verne  (L'Ile Mysterieuse) (1874)

laislamisteriosa.jpg (2784 bytes)Esta es quizá una de las destacadas y memorables historias de Jules Verne.  Junto con Veinte mil leguas de viaje submarino y Los hijos del capitán Grant, forma una especie de trilogía llena de aventuras, historias personales y maravillas científicas que no terminan de impresionar aún a sus más recientes lectores. En mi caso, fue la primera novela de Jules Verne que cayó en mis manos y la leí sin prejuicios.

La historia está dividida en tres partes claramente definidas. La primera, si se quiere, es la más técnica, incluso puede volverse tediosa. Describe con detalles, a veces muy precisos, el proceso mediante el cual los cinco protagonistas llegan a una isla en el Pacífico, que no se encuentra en ningún mapa, y se establecen en ella.  Son los náufragos del aire, pues se han evadido, a bordo de un globo, de una prisión en medio de la guerra civil norteamericana y por esos avatares del viento y el clima son transportados miles de kilómetros hasta las traicioneras aguas del Pacífico y caen cerca de la isla en cuestión. En ella tendrán que vivir, sin ninguna herramienta ni provisiones, armados tan sólo de su ingenio y de sus conocimientos.

En mi opinión, es en la primera parte donde Verne despliega su fe en la ciencia, su absoluta convicción de la necesidad de una exhaustiva educación científica y de las bondades del espíritu investigativo y colaborador.  Los náufragos no son hombres típicos. Un ingeniero, de primer orden, un periodista con amplios conocimientos médicos, un joven estudiante de historia natural, un marinero de fuerte espíritu y un sirviente leal completan un cuadro de organización social basada en el intelecto y la nobleza.   Lo único que faltan son mujeres. (Por razones que no vienen al caso, Verne se vio en la necesidad de excluirlas de la mayoría de sus escritos y supongo que es el único rasgo de sus libros que no se adapta bien a la mentalidad actual).

Estos náufragos del aire logran cavar en el granito, construir un albergue para animales, fabricar herramientas de buena calidad para trabajar con la madera, las piedras y el suelo, tener un hogar con todas las comodidades modernas (de la época) y hasta diseñar grandes proyectos, como construir un barco para trasladarse a islas cercanas, e inclusive, concebir el proyecto de armar un navío capaz de cruzar el océano y llevarlos de vuelta al hogar.  Nombran a su isla Lincoln, en honor del presidente que apoyaron en su tierra natal, y viven una vida casi regalada.  Un primera parte digna de un tratado de ingeniería y agricultura del siglo XIX.  Claro que el ingrediente principal, una isla misteriosa, se encuentra allí, como base para una aventura que aguarda como un león acechante.
La isla es, sin duda, un personaje esencial. Misterios extraños rodean la actividad diaria de los colonos (como se autodenominan), los cuales se intesificarán conforme avance el relato.

La segunda y tercera partes son, en mi opinión, el desarrollo del relato aventuresco propiamente dicho. En ellas se despliega la imaginación de Verne relacionada con las aventuras. Aparece el suspenso, la emoción, la angustia inclusive. Y todo se precipita en un final sorpresivo y maravilloso, digno de su creador. De estas dos partes, me encantan algunas escenas especiales.  Una, el rescate de Ayrton de la isla Tabor.  Es un rescate gradual, porque el hombre está casi totalmente embrutecido y los colonos logran rescatarlo para la sociedad y para la humanidad en general.  Es un lazo importante con Los hijos del capitán Grant, pues es el mismo Ayrton que juega un papel decisivo en esa otra novela.  Aquí es notable, sin embargo, un cierto desfase entre los libros.  Se supone que la acción de La isla misteriosa transcurre entre los años de 1864 1865 y que Ayrton fue abandonado en la isla Tabor unos diez años antes, como mínimo.  Sin embargo, cuando tomas Los hijos del capitán Grant y lo lees, ¡resulta que también estamos en 1864!  Supongo que Verne no advirtió este desliz cuando escribió el segundo libro (La isla misteriosa).

Otra secuencia maravillosa, en mi opinión, sucede cuando el joven Harbert cae enfermo y la única sustancia que lo puede salvar aparece en el punto más climático y tenso del relato, depositado simplemente sobre la mesa. Este hecho se convierte en uno de los misterios más extraordinario frente a sus propios ojos, y en uno de los más emotivos.  
Luego, momentos y momentos enlazan la isla con el capitán Nemo, el protagonista de Veinte mil leguas de viaje submarino, y su encuentro crucial con los colonos.  Nemo muere de muerte natural y los propios colonos se encargan de hacer que el Nautilius se hunda con él en los mares, pero aún la isla les tiene reservadas muchas otras sorpresas, pues no es sino hasta el último episodio que sabremos el destino final de los colonos.  La acción durante esta tercera parte es trepidante y llena de clímax.

Desde un punto de vista propiamente social, el libro parece querer demostrar que las represiones raciales y el racismo imperante en la época son actitudes propias de bárbaros y gente sin visión ni conocimientos de la naturaleza.  Nabucodonosor, el sirviente negro de Ciro Smith, escapa con él, no sólo de una prisión de guerra, sino de toda una vida de esclavitud.  Su señor se ha negado a tenerlo como esclavo y es seguidor decidido de las posiciones antiesclavistas de Lincoln, al considerar la esclavitud como una aberración de la humanidad.  Sin embargo, supongo que para un blanco europeo del siglo XIX, como era Verne, no es posible imaginar a un negro en entera similitud e igualdad que la de un blanco.  Nab, por muy digno y muy libre que es, sigue comportándose como un sirviente, leal hasta la muerte a su señor (o amo), y a todos les parece natural que así sea.  Los libros son, ciertamente, un fiel reflejo de un pensamiento y de una filosofía imperante en una época dada, precisamente porque los autores son seres humanos inmersos en sociedades y dotados de complejidades a veces contradictorias.

La isla misteriosa es un libro para leer una y otra vez y otra vez y otra vez.   Es un libro para disfrutar, para reflexionar, para imaginar. Un libro para amar.   Su acción, su ansia difusora, su optimismo, su pesimismo mezclado, hasta sus breves enseñanzas, se impregnan en tu memoria de forma indeleble y lo colocas en una posición preponderante en tu vida sin esfuerzo. Por ello, es una de mis lecturas favoritas. :)

(Abril, 2006)

 

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