Los hijos del
capitán Grant (Les Enfant du Capitaine Grant)
de Jules Verne
- 1867/ 68
Un día cualquiera, lord Glenarvan descubre
flotando en las aguas que rodean su yate de recreo (el Duncan) una botella con
tres mensajes adentro. Los mensajes están tan borrados por el agua de mar que se
hace casi imposible descifrar su contenido, excepto por algunos datos de singular
importancia: un marino, llamado Harry Grant, ha naugragado junto con su navío, el Britannia.
La medida de la latitud aparece claramente en el papel, pero la longitud se ha
borrado. Acompañado por los dos hijos del capitán Grant, que han acudido a la
llamada de Glenarvan, el Duncan zarpa en busca del náufrago, a una aventura de
resultados impredecibles. Viaja, por error, un profesor llamado Paganel, que a la
postre será uno de sus más fieles ayudantes y guías.
El libro es maravillosamente imaginativo. Los personajes, especialmente Paganel,
son memorables, y los episodios se desarrollan con sentido lógico, de modo que uno puede
imaginarse una travesía de tal naturaleza sin hacer el menor esfuerzo. Aún puedo
recordar perfectamente el episodio en que Paganel descubre que su español no le sirve
para comunicarse con un habitante de la Patagonia porque no era español, sino
¡portugués! Y el buen profesor se consuela con el argumento que después de viajar
por toda la Patagonia, de peligro en peligro y de aventura en aventura, ya sabe también
español. Recuerdo claramente también la manera en que describe la entrada del
Duncan en las peligrosas aguas de Australia y de cómo organizan una agotadora travesía a
través de la propia Australia, tan inhóspita y salvaje como solía podía estarlo en
aquellos días de 1864.
¿Incongruencias? Sí, una. El año en que los hijos del capitán Grant
viven su aventura. El relato los sitúa alrededor de los años de 1864 y 1865.
En el transcurso de su aventura conocen a Ayrton y viven con él una serie de
episodios que serán importantes después. Ese mismo Ayrton entrará en contacto con
los protagonistas de La
isla misteriosa, se supone que después de un largo destierro de 10 años.
¡Per la La isla
misteriosa también transcurre en 1865! Y precisamente en esta última
novela, Ayrton cuenta su historia como ocurrida entre 1854 y 1855. Naturalmente, tal
incongruencia no tiene que ver con las casas editoriales. Fue un detalle desfasado
que se le escapó al autor.
¿Algún otro "pero" personal? Pues... la presencia femenina.
Aunque Glenarvan viaja con su esposa y también los acompaña Mary, la hija mayor del
capitán Grant, ambas juegan un papel más que discreto en toda la trama, tratadas siempre
con muchos miramientos, como si fuesen de cristal y pudieran romperse, y dejándolas de
lado de todas las discusiones y decisiones importantes. Son, en resumen, bonitos
paquetes que a veces se vuelven fastidiosos y hasta peligrosos, como sucede cuando llegan
a Nueva Zelanda y tienen que tratar con los maoríes. Claro que tal situación es
muy comprensible. Jules Verne escribía para un público juvenil que no debía ser
molestado con revolucionarias ideas acerca del rol de la mujer. No hay tampoco
situaciones de tensión sexual o algo similar, por el mismo motivo. Además, era un
hombre del siglo XIX, rodeado de mujeres convencionales de aquella época, que cuando
viajaba lo hacía solo o con otros hombres, y que no podía suponer que las mujeres
pudieran ser exploradoras o científicas de notable inteligencia o valor. Entonces,
podemos decir que pintaba a las mujeres tal como las veía y las suponía, y no se le
puede criticar tal descripción. Yo lo he tomado como un detalle interesante de
cómo un escritor, aún uno que escribe sobre viajes fantásticos, puede reflejar en su
obra su entorno social y la mentalidad de su época.
Esta novela se haya conectada de alguna manera a La isla misteriosa
y a Veinte mil leguas de viaje submarino. Se comportan, casi, como una
trilogía, y constituyen tres de las obras más memorables y exitosas de Verne, que vale la pena
leer y disfrutar. Mi imaginación voló hace 20 años cuando emprendí la lectura de
aquellas imaginativas páginas. Y aún hoy en día puedo volver a tomar Los
hijos del capitán Grant y disfrutar de un rato ameno, de reflexiones inevitables y
de ingeniosas aventuras.
(22 de Mayo, 2006)
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