Los Tres Mosqueteros - Les Trois
Mousquetaires
(1844), de Alejandro Dumas
(Releído en este 2006) Creo que
siempre hay un lugar en cada biblioteca para un clásico. Y los clásicos, en mi
concepto, suelen ser libros que permiten tantas lecturas como se quiera y ven pasar tantas
generaciones como décadas o incluso siglos. Entre este grupo encontramos obras insignes
como Don Quijote de la Mancha o como las obras teatrales de Shakespeare o las
monumentales novelas de Victor Hugo o de Stendhal. Y también tienen un lugar
indiscutible las novelas de aventuras, aquellas que nos hicieron viajar a otras tierras y
a otros tiempos cuando éramos niños o cuando éramos muy jóvenes, y aún lo logran
cuando hemos alcanzado la adultez. En este rubro, aunque las novelas del escritor francés
Alejandro Dumas no son las típicas novelas de aventureros que viajan por el mundo (como
encontramos en la literatura de Jules Verne o de Emilio Salgari), para mí siguen siendo
tremendas historias de acción y correrías, donde los personajes pasan de un lugar a
otro, perseguidos por las circunstancias o por sus propìos errores. De todas sus
novelas, claro está, una de las que más han provocado películas y reelaboraciones es
sin duda Los Tres Mosqueteros (1844)
La primera vez que leí Los Tres Mosqueteros, según lo que recuerdo, me
divertí mucho y me pareció repleta de acción. Ésta era, pues, su
característica más definida. No había exploración de territorios ignotos (la
acción transcurría en las familiares y conocidas regiones de Francia e Inglaterra), ni
largos párrafos de reflexión filosófica o intelectual. Recordaba muchas peleas de
espada, muchas huidas, muchos conciliábulos, peligros mortales y persecuciones. Y esa fue
la impresión que me dejó. Hace poco encontré una bonita edición en pasta dura
con letras doradas que me pareció más que adecuada y en poco tiempo me sumergí en una
nueva lectura.
¡Qué poco recordaba y a la vez cuánto había quedado en mi memoria! Sí, la
novela rezuma acción y correrías, peligros mortales y persecuciones. Abunda en diálogos
ágiles, en intrigas palaciegas y de campo abierto, además de regalarnos con teorías
políticas sobre las guerras europeas, acción en batalla e historias de amor. Para mi
sorpresa, incluía también sensualidad disfrazada y fuerte erotismo muy bien insinuado.
Esto último me dio a pensar en
el irrespeto alegre que campea en Hollywood hacia estos libros, pues deforman sus
historias y hasta cambian el carácter de sus personajes a niveles extremos. Ese
D'Artagnan buenote e inocentón, paladín de los débiles y virtuoso amante que vemos en
tantas versiones cinematográficas y hasta en dibujos animados poco o nada tiene que ver
con el verdadero héroe de la novela de Dumas, hombre de acción, mentiroso como el que
más y poco dado a velar por los derechos de los "inferiores". Un
personaje mucho más interesante, en realidad, y más real, al cual se puede seguir a lo
largo de la novela sin reparos. Detalles que alteraron al máximo, pero que son
importantes para comprender el contexto histórico de novela, es el de la existencia de
los criados personales de cada uno de los mosqueteros (a quienes tratan sin miramientos
modernos), que muchas veces deben correr los mismos o peores peligros que sus amos, y la
existencia del esposo de Constance (sí, Constance era una mujer casada, lo que no
impedía que Artagnan le declarara su amor desbordante). Y aunque en todas las versiones
del cine Milady es una arpía, su verdadera capacidad de engaño y manipulación no se le
aprecia mejor que en el libro.
La parte débil de la historia de Dumas, pienso, estriba en su desarticulada manera de
presentar los hechos. Si bien los mosqueteros son el hilo conductor de toda la
novela, no puede hablarse tranquilamente de una historia, sino de muchas
hilvanadas a veces con cierto desorden. Entonces, de pronto pasamos capítulos
enteros dedicados a Milady sin saber nada de nada con respecto a los mosqueteros, o a
veces pasamos a aventuras paralelas de éstos últimos, o de pronto Constance desaparece
de la historia por varias páginas sin que parezca importar, etc. Al final todo
encaja, claro está, pero esa sensación causar cierto cansancio en algunos pasajes. Este
extraño desempeño de la narración puede deberse al hecho de que la novela se publicó
inicialmente por entregas, en revistas de la época, por tanto, los capítulos eran
leídos de forma separada y a manera de continuaciones.
En fin. Un clásico obligado, más disfrutable leyéndolo que mirando sus adaptaciones,
interesante retrato de una sociedad que ya murió y un entretenimiento activo y
garantizado en cada etapa de la vida en que uno decida releerlo. :)
(Noviembre, 2006)
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