Los Pilares de la Tierra
(The Pillars of the Earth)
de Ken Follet - 1989
 A
veces, uno no escoge su próxima lectura porque piensa que el libro en cuestión vaya a
gustarle o porque le pareció interesante en sí mismo, sino que se deja guiar por el
"ruido de la gente". Es decir, muchos libros que son éxitos de ventas
(los famosos best sellers) se convierten en cierta forma en libros obligatorios,
pues como todo el mundo habla de ellos, producen la sensación de que deben ser leídos
para sentirse parte integral de la comunidad. Es una sensación tramposa, pero
existe. Y a mí me pasó con Los Pilares de la Tierra, de Ken Follet.
Había pasado muchos años ignorando la novela, hasta que un día vi una bonita
edición en tapa dura, lanzada por la colección De Bolsillo y me decidí a darle una
oportunidad. No me creé mayores expectativas -es una regla general en mi vida-,
pero tampoco me cargué de prejuicios. No apruebo ese sentimiento prevaleciente en
ciertos círculos dizque intelectuales o artísticos de que todo "best-seller"
debe ser necesariamente una maquetación comercial prefabricada en las salas de publicidad
de una editorial para el

|
Ken Follet |
gusto irracional del gran público. Aunque hay y ha habido -y siempre
habrá- libros con esas características, también existen los best sellers que
son simplemente exitosos porque supieron agradar a un número importante de lectores
según sus propios méritos. Algunos, incluso, pueden reputarse como obras maestras
también. Así que, de entrada, mal juzgar un libro porque ha encabezado las listas
de éxitos de ventas me parece un pésimo punto de partida para leerlo. Con esa
actitud mental, emprendí la lectura. Formidable, por cierto, pues se extiende por
más de mil trescientas páginas (al menos en mi edición, aunque me figuro que en otras
ediciones la novela rondará las mil páginas de todas formas). Para mantener la
atención en un libro de semejante extensión se necesita tener un pulso muy sostenido en
la narración, pensé. ¿Lo lograría?
En general, en mi caso, no lo logró del todo. Los Pilares es una obra
ambiciosa desde distintos puntos de vista. Creo que sabe construir un escenario medieval
convincente, en especial cuando se trata directamente de la construcción de la catedral,
el hilo que le da cohesión a toda la novela. Sus problemas comienzan cuando diseña
sus personajes y los sitúa en las situaciones límite que deben atravesar a lo largo de
casi cuarenta años, desde que se inicia la catedral hasta que se concluye. En
general, presenciamos la vida de un monje, Philip, que llevado por las circunstancias, es
nombrado prior del monasterio de Kingsbridge, ciudad ficticia, el cual se ocupa de
levantar de la miseria. A la sazón su historia se cruza con la de Tom, un maestro
constructor que sueña con construir una catedral algún día, y la de su familia, por un
lado, y por el otro, con las vidas de dos nobles jóvenes, Aliena, la hija del conde de
Shiring, y William, el hijo de un caballero que aspira a ser conde. En el medio, la figura
de un sacerdote ambicioso e inescrupuloso se encarga de enlazar esas vidas (Waleran
Bigod). En cuarenta años asistimos al desarrollo de las vidas de estos personajes y
siempre como telón de fondo, la construcción de la catedral de Kingsbridge.

|

|
| Fachada de la catedral de Saint Denis (Francia),
modelo de la catedral ficticia de Kingsbridge |
Interior de Saint Denis: así debía de lucir la
catedral de Jack Jackson |
Me gustó la descripción de cómo se construye esa catedral. El
personaje de Philip adquiere vitalidad y protagonismo siempre en relación con la catedral
y el monasterio y es convincente en la mayor parte de sus escenas. En cambio, Tom y
su familia no parecían encuadrar del todo en un ambiente medieval auténtico, y siempre
me dio la sensación de que miraba la vida de gente del siglo XX con los trajes y los
recursos tecnológicos del siglo XII. No es algo tan evidente, tampoco. Es
sólo una sensación, pues aunque en principio sus ideas parecen encuadrarse en una
mentalidad medieval, al final te produce la sensación de que no es auténtico. Por
otro lado, encontré difícil seguir a todos los personajes con interés. Tom y Ellen no
me producían el deseo de interesarme por sus vidas, por lo que muchos de sus pasajes se
me hicieron lentos, difíciles de pasar. Aliena era más interesante, o tal vez sus
desgracias lo eran, y Jack parecía un buen protagonista hasta que comenzó a perder
importancia para la trama. William y Waleran eran malvados planos, sin complejidades
ni contraposiciones humanas, eso hacía perder interés en sus vidas. Finalmente,
creo que el haber dividido la novela en cinco apartados tan alejados, como si se tratara
de historias independientes con inicio y final, le restó fluidez e interés. Sólo
la construcción de la catedral, entonces, parecía realmente auténtica, aunque a veces
parecía que era tan sólo una excusa. Me habría gustado haber encontrado una
razón más pesada para seguir leyendo con pasión.
Al final, de todas formas, no puedo decir que haya sido un mal libro, no. Entretiene
por sectores y el final es más apasionante, los hilos se cierran con convicción y todos
los personajes quedan debidamente situados. Se puede disfrutar esta historia a lo
largo de semanas, y terminarla con tranquilidad, habiendo disfrutado de un entretenimiento
agradable. No es poderosa ni es magnífica, pero es decentemente entretenida e
ilustrativa en cuanto a la historia de las catedrales medievales. Disfrútenla.
(Agosto, 2009)
|
Para adquirir este libro:
En español:
En inglés:
-
- |