El Catalejo Lacado (The
Amber Spyglass)
de Philip Pullman - 1997
 Abordar
el final de una serie siempre supone una fuerte dosis de expectativas. Si has estado
disfrutándola, esperas que el final cierre con gloria. Si no, pues no esperas mucho, en
caso de que hayas logrado llegar tan lejos. En mi caso, al terminar de leer The
Amber Spyglass (El Catalejo Lacado), que cierra la trilogía de His Dark
Materials, sentí que mis expectativas se habían cumplido con creces y que volvía a
experimentar esa extraña nostalgia que sientes cuando terminas una historia largamente
disfrutada.The Amber Spyglass comienza exactamente donde terminó The Subtle Knife
(La Daga), cuando los acontecimientos inician su espiral ascendente: todo gira
entorno al proyecto que Lord Asriel ha emprendido en su República del Cielo y el desafío
que ha planteado a la Autoridad. Por otro lado, la doctora Malone, a quien conocimos
precisamente en The
Subtle Knife, ha traspuesto una ventana entre mundos y ha iniciado un viaje
extraño, el cual resultará crucial para el final del libro y el desenlace de la
historia.
Los personajes han terminado de definirse. Will y Lyra han adquirido dimensiones
nuevas, conforme han crecido y madurado, enfrentado terribles desafíos y grandes
tristezas. Lyra ya no es la niña desvergonzada e impertinente de The Golden Compass,
ni Will es el niño inseguro y a veces temeroso de The Subtle Knife.
Ambos han aprendido a reunir valor, afrontar retos y llevar adelante iniciativas con las
que no se hubieran atrevido ni a soñar antes. En ese proceso de crecimiento tan
verosímil y encantador, aprendí a apreciarlos, a quererlos y hasta admirarlos. Supo
Pullman trazar preadolescentes en plena efervescencia de cambio, envueltos en difíciles
decisiones. Y ellos, apoyándose el uno en el otro, aprenden también el valor de
la amistad, de la confianza y de la verdad. Esto último, particularmente para Lyra.
El final, en mi concepto, es inesperado, casi extraño. Pero congruente con toda
la historia. No podía esperar menos. El lenguaje es depurado, el ritmo de las
escenas magnífico. El desarrollo, adecuado. Como dije antes, no podía
esperar menos del final de la trilogía.
Con respecto al concepto fundamental sobre la humanidad, sobre los misterios religiosos
y el debate sobre el origen, el autor toma un partido definido, que puede no agradar en
absoluto a los más creyentes. Teniendo en cuenta que es una fantasía, también
podemos concebirla como una filosofía, que coloca a la Humanidad en el centro de su
destino, tanto si desea abordarlo como si lo rehúye, sin que haya más fatalidad que el
deber de cumplir con la parte que a cada quien corresponde: en el trabajo, en la familia,
en la sociedad. Trabajo, fortaleza, capacidad de llegar a la paz, resolución de ser
conscientes de los demás y de nuestras responsabilidades. Todo eso junto que forma
nuestra conciencia colectiva y que nos define como seres inteligentes no proviene de
fuerzas ajenas a nosotros -como una divinidad- sino de nosotros mismos. Tal la tesis
planteada y muy bien desarrollada.
Otra idea que gira con fuerza en esta tercera entrega la encontramos en el respeto a la
diferencia y el aprecio a la sabiduría que otras culturas, incluso otras razas, puedan
encerrar. Estas otras razas fueron muy bien representadas por los Gallivespains, los
propios osos polares, las brujas y naturalmente, los mulefa.
Ahora bien, no logro ubicar esta novela como literatura infantil, especialmente esta
última entrega de la trilogía. Su sustento filosófico es complejo, tanto que
sería más recomendable para lectores mayores a los 12 años. Se puede comentar en
familia también y se puede aprender mucho acerca del respeto, la honestidad y la lealtad,
coraje, la capacidad de crítica, la amistad y la tolerancia. El autor no es
compasivo con muchos de sus personajes. La gente muere en las guerras y esa es otra
realidad que también se puede tratar abiertamente en la familia.
En fin, para todos aquellos que aún no se deciden a terminar La materia oscura,
puedo afirmar que vale la pena. :)
(Junio, 2009)
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