La Daga (The Subtle
Knife)
de Philip Pullman - 1997
 Hay historias que se escribieron para ser
contadas en un solo impulso, como si fuesen dichas con un único aliento. Otras, en
cambio, se escriben a lo largo, de entrega en entrega, como si se tratara de conectar
eslabón con eslabón. No pienso en aquéllas que fueron exitosas en un inicio y se
les concibió una continuación, sino las que nacieron de por sí tan largas que debieron
separarse en tomos para poder ser leídas con comodidad. Es decir, en el rubro en el que
suelen caber las famosas trilogías.Hoy en día, algunas trilogías se han convertido
en pentalogías y heptalogías, y hasta se han vuelto famosas (Harry Potter es un
ejemplo clásico), pero la presentación original en trilogía cumplía muy bien su
objetivo de narrar una historia larga, compleja, pero no interminable. En el caso de
La materia oscura (His Dark Materials) de Philip Pullman, así
fue. El primer volumen, La brújula dorada
(The Golden Compass) -o como es conocida en Gran Bretaña, Las luces del
Norte (Northern Lights)- narraba la primera parte de una historia que
conforme se desarrolla se vuelve más compleja e involucra más actores de los que
inicialmente habríamos esperado ver. La segunda entrega, La Daga (The
Subtle Knife), no es más que el puente entre el inicio y el final y como puente abre
más interrogantes y cierra menos de los que habríamos querido ver resueltos, pero
introduce un nuevo personaje principal, Will Parry, que compensa en alguna medida las
deficiencias de la personalidad de la protagonista de la saga, Lyra Belacqua, y nos
amplía la visión que se tenía de nuestro mundo en conexión con el de Lyra.
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| Tres posibles aspectos de la daga
sutil... |
Mientras La
brújula dorada desarrollaba su historia en un universo paralelo al
nuestro, La Daga se desarrolla alternativamente en nuestro propio universo y en
otro muy similar que sirve de puente a éste con respecto al de Lyra. Narra las
peripecias de un chico de 12 años que deja a su madre, una aparente enajenada mental, al
cuidado de una vieja vecina, para salir en busca de su padre, ido diez años atrás, del
que nada se sabe y mucho se supone. Entretanto, Lyra ha intentado seguir a Lord
Asriel en su extraña aventura a través de la puerta que ha abierto entre dos mundos,
pero cae en un extraño mundo donde los adultos han caído presa de seres extraños que
comen voluntades y los niños han quedado a la deriva, solos y sin guía. El
encuentro entre Will y Lyra marca una asociación inmediata y necesaria, de la cual
saldrán con el compromiso de obtener una extraña daga (la daga sutil) capaz de
horadar mundos y cortar cualquier material posible, mientras a su alrededor se tejen los
entretelones de una guerra terrible e inevitable, organizada por el propio Lord Asriel en
su lucha contra la Autoridad misma (que podría ser vista como Dios mismo o algo similar).
Otros personajes intervienen en la aventura, algunos de los que ya sabíamos algo, como
Lee Scoresby, Mrs. Coultier o Serafina Pekkala, o de los que no sabíamos casi nada, como
el misterioso Stanislaus Grumm. También aparecen nuevos, aparte del propio Will,
como la Dra. Malone o una serie de brujas de importancia variada. La impresión de
que se está frente a un desarrollo de eventos de tensión creciente se obtiene después
de la primera parte del libro, cuando la importancia de Will y su conexión con la daga
sutil comienza a ser más evidente. El libro entonces es aún más dinámico, más activo
que el primero.
Mi impresión general de la historia en este punto es que detrás de la aventura de
Lyra, y ahora de Will también, yace un reflexión profunda sobre el libre albedrío, el
control sobre las voluntades y la lucha constante del ser humano por resguardar su
libertad. De un lado estarán aquellos afectos a su libertad y a su capacidad para seguir
los dictados de su propia voluntad, y del otro, aquellos que desean mantener el mundo bajo
estricto control, aún cuando sea a costa de arrancar literalmente la voluntad a su dueño
(el daemon).
Interesante planteamiento, extraña historia. A pesar de la densidad de tal
reflexión filosófica, la novela resulta completamente apta para ser leída por niños de
11 o 12 años, que disfrutan del desafío intelectual, y por adultos que no temen ser
enfrentados a ciertas convicciones religiosas clásicas.
(Diciembre, 2008)
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