El Código da Vinci
(Sony Pictures - 2006
Director: Ron Howard) A pesar de los boicots, de las
protestas y de las malas críticas iniciales, finalmente se estrenó la versión fílmica
del controversial libro de Dan Brown en prácticamente todo el mundo. En el cine
local, se ocuparon unas 8 o 9 salas de las 15 que poseen, sólo para proyectar la
película, y a despecho de la posición católica más recalcitrante, muchos asistieron
puntualmente a las salas de cine. Dado que había leído el libro con gran interés,
era natural esperar que yo me sumara a la multitud de espectadores anónimos que llenaron
las salas de proyección, y por tanto, allí me presenté.
Debo decir que mis expectativas eran altas. Tanto Tom Hanks como Ian McKellen son
actores de gran desempeño y había tenido ocasión de verlos trabajar en otros filmes.
Ambos me agradan sobremanera, como actores, y suelo admirar su trabajo. A
Jean Reno lo conocía poco, pero había sido satisfactorio, lo mismo que Alfred Molina (a
quien tuve ocasión de admirar en Chocolat y en Spiderman 2) y sólo el
trabajo de Audrey Tautou y Paul Bettany me era desconocido. También era de esperar que un
director como Ron Howard no defraudaría y que toda la industria hollywoodense apoyaría
el filme desde el punto de vista técnico, visual y sonoro.
Mi primera impresión es que la película cumplió. Considerablemente fiel al
original impreso, lo que algunos críticos consideran censurable en un filme basado en un
libro, poco se salió de la pauta impuesta por el libro. Incluso comienza de la
misma manera, con el conservador de museo Jacques Saunière corriendo desesperado por los
pasillos del Louvre. Y termina exactamente de la misma manera. Hubo omisiones
lógicas: por ejemplo, muchos de los "recuerdos" de Sophie y los de Langdon son
eliminados, pues distraen la acción y no se prestan bien para la narración
cinematográfica. También redujeron los pasos en que se descifra el código impuesto por
Saunière, pues eran varias claves que quedaron en una. Sólo hubo un par de
detalles en los que se apartaron del libro y no me parecieron tan lógicos: uno, que
Saunière no fuese en realidad el abuelo de Sophie.
En el libro no hay ninguna duda acerca de su parentesco y el cambiar este detalle
no añade nada ni enriquece la trama. Tampoco era necesario. Dos, que Aringarosa
(Alfred Molina) supiera y permitiera los asesinatos de Silas. En el libro,
Aringarosa es un hombre decente y honrado y no cree en los asesinatos. De hecho, no
sabe en qué medida Silas está siendo utilizado por el Maestro. Al final, cuando se
entera, le pide perdón al propio Silas. Su imagen es, entonces, considerablemente
bondadosa, mientras que en la película, queda como un frío manipulador sin conciencia.
En otro sentido, la música me pareció oportuna, buen fondo para todos los momentos
claves, y las imágenes en blanco y negro para explicar el pasado fueron magníficamente
bien orquestadas. Inmediatamente te retrotraían en el tiempo, haciéndote vivir la
narración, sin dejar de ser consciente de que se trataba de una narración de
acontecimientos pasados. Y el recurso de la imagen en blanco y negro para reproducir
recuerdos es muy sugestiva y bella, en mi opinión.
Las actuaciones,
por otro lado, me parecieron satisfactorias. No se puede esperar mucho de Robert
Langdon. El personaje del libro no es especial. No se caracteriza por una gran
personalidad o por una forma de ser contradictoria, por lo tanto, Tom Hanks no iba a estar
muy exigido en este papel. De todas maneras, me pareció que su interpretación se
ajustó al personaje original de manera más que adecuada. Lo mismo puedo decir de
Sophie Neveu. En cambio, el personaje de Lord Teabing era mucho más complejo, con
su creciente demencia y obsesión por un lado, y su perfecto corte de caballero inglés
por otro, y su general presentación de hombre culto. En este caso, Ian McKellen
estuvo más que adecudo, le dio una dimensión enteramente creíble al personaje y lo
llenó en todas sus aristas. Otra vez, me convenció como actor. Paul Bettany,
en su difícil papel de Silas (digo difícil, pues era hacer un "malo" que
creía devotamente en lo que hacía) cumplió satisfactoriamente y el único que tuvo poco
espacio para brillar fue en realidad Jean Reno, pues Fache en el libro tuvo más
prestancia y más dilemas que en la película. Alfred Molina, por otro lado, resultó poco
exigido en la película, y creo que si hubieran respetado al personaje del libro, su
actuación habría sido más interesante de observar y calibrar.
Muchos periodistas que entraron a ver el preestreno en Cannes dijeron que la película
era muy aburrida, que perdía mucho tiempo en diálogos y que incluso caía en el
ridículo. En mi opinión, tales comentarios pueden sonar tendenciosos. Si
algunos de ellos estaban de antemano predispuestos en contra del libro, era de esperar que
no vieran la película con buenos ojos. Algunos, por razones de fondo (como el tema
que trataba el libro) y otros por razones de forma (por ser un "producto" de
Hollywood), tienden a mal juzgar un fenónemo comercial desde que se anuncia. A mí
no me pareció aburrida en absoluto. Era preciso seguir los diálogos para poder
seguir la acción. Si no ponías atención, fácilmente te perdías y entonces
podrías aburrirte. Luego, los diálogos son parte esencial del fondo del libro y
era natural que lo fuesen de la película. Aquí no interesa la acción por la
acción misma. Interesa la tesis. La conversación en casa de Teabing se
vuelve esencial para comprender los alcances a los que desea llegar la historia.
Por otro lado, no entiendo cómo alguien puede considerar "ridículo" algún
momento de la película. Si un monje asesina a una monja con un pedazo de roca, no
veo motivos para reír. ¿Da risa contemplar una autoflagelación? ¿Da risa hablar de las
matanzas de templarios del siglo XVII, las cuales ciertamente existieron, junto con otras
muchas matanzas en la historia de la humanidad? Vaya, si te da risa algo así, pues tienes
un retorcido sentido del humor. ¿En qué punto la película se vuelve ridícula? No lo
sé. No lo vi. Para mí, ridículo es que un animal hable en una película seria
para adultos, que un extraterrestre cante canciones vaqueras o que un héroe no caiga
abatido en medio de un tiroteo y siga adelante como si nada hubiese pasado, a menos que
tales escenas estén justificadas por la historia, como por ejemplo, que el animal hable
en un película de corte fantástico (como El Señor de los Anillos o Harry
Potter), en cuyo caso no será ya ridículo sino consecuente; o que el extraterrestre
cante canciones vaqueras en una parodia o que el héroe en cuestión sea un mutante. En el
caso de El Código da Vinci, todos los extremos de la historia se
enlazan con la historia misma. De acuerdo o no con su tema de fondo, no vi el ridículo.
Al igual que el
libro, la película no me pareció una obra maestra, pero ciertamente me entretuvo y tuvo
la capacidad de hacerme pensar. Uno puede pensar en muchas cosas, y una de ellas es en la
religión y en la fe, y en la manera en que el mundo se mueve. Al final, puedes
estar de acuerdo o no con lo que un libro dice o con lo que una película refleja de ese
libro, pero si disfrutaste un rato de sana diversión, el libro o la película tienen su
mérito. En cuanto a El Código da Vinci, de Ron Howard, ciertamente la
tengo en mi lista de películas por conseguir, para que formen parte mi pequeña
colección privada de filmes, esa a la que uno recurre de vez en cuando en la intimidad
del hogar para pasar un buen momento en compañía o en solitario. :)
(Junio, 2006)
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