Harry Potter y la Orden del Fénix
(Warner Brothers- 2007)
Director: David Yates Una de las
características más llamativas del quinto tomo de la saga potteriana era su larga
extensión. Casi 600 páginas en un sólo libro, duplicando el tamaño del tomo uno
original. Ya me pregunté entonces como podrían adaptar semejante monstruo en una
película de dos horas, pero parece que David Yates, el actual director de la quinta
película de la saga, lo logró: dos horas y veinte minutos y extrajo de forma bastante
convincente los hechos principales del libro, resumió los largos párrafos de angustia y
soledad en unas cuantas pinceladas de imágenes de pesadilla y eliminó la necesidad de
introducir de nuevo personajes complejos como Dobby, el elfo doméstico.
La película contó con la participación de los mismos actores de los filmes
anteriores, por lo que la familiarización con ellos es inmediata. Su desempeño es
agradable, y se ajusta a los
requerimientos de la historia, incluyendo a la odiosa Dolores Umbridge, justo tan
detestable como el personaje literario original. Claro que, como es natural, muchos
detalles quedaron por fuera: no se indicó la identidad del verdadero culpable del ataque
tempranero de los dementores, no hubo indicación de quién había formulado la profecía
originalmente, no se hizo un alto en la importancia
de Luna Lovegood y su padre o en el papel que desempeñó Kreacher en la historia,
ni tampoco se ocuparon del incidente de las prefecturas, ni de las visitas al hospital de
los magos ni de la auténtica importancia de la familia Dursley. De todos ellos, tal
vez los dos primeros habrían sido oportunos, dado que quedaron al final como cabos
sueltos, mientras que los demás fueron modificados o simplemente obviados de modo tal que
los no lectores no notarían su ausencia.
La puesta en escena me pareció impecable. Acorde con el tono sombrío de la
historia a esta altura, era adecuada la utilización de azules y grises, que encajaban muy
bien con el estado anímico del personaje principal. El único detalle fallido, a
este respecto, se sitúa en la escena final. No se dio adecuado énfasis al dolor
sufrido por Harry en un nivel visualmente impactante. Es natural que en el libro se
incluyera un capítulo final de optimismo, pero extensas páginas de dolor lo precedieron.
Por eso me pareció un fallo desde el punto de vista emocional del filme.
Los efectos especiales, en cambio, sirvieron muy bien para mostrar los combates entre
magos al mismo nivel de espectacularidad con que se trataron en el libro, la cual da idea
de lo mucho que Harry ha crecido y de la inminente lucha frente a Voldemort.
En general, sin ser merecedora de premios, se trata de una película hecha con aplomo,
con buenos y acertados toques de buen humor en los momentos justos y una razonable uso de
los efectos especiales, al servicio de la historia y no como el medio principal de
atracción, sin traicionar ni desvirtuar el sentido y el espíritu que le sirvió de
plataforma e inspiración. :)
(Julio, 2007)
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