Harry Potter y las Reliquias de la
Muerte (Parte II)
(Warner Brothers- 2011)
Director: David Yates Finalizó la saga cinematográfica de Harry Potter, varios años después de
que se terminara la publicación de los libros, y aún así, consiguió atraer millones de
espectadores y terminar con un cierre magnífico, muy bien elaborado y muy bien
equilibrado. La segunda parte de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (Harry
Potter and the Deathly Hallows) fue estrenada en julio del año 2011 en medio de un
gran despliegue mediático, el conmovido adiós de sus estrellas -que crecieron en
Howgarts- y esa sensación de desconsuelo y alivio que siempre entraña el final de algo
muy querido, muy seguido y también muy esperado. Después de todo, Harry Potter
despertó un amor extraordinario en su público lector, un amplísimo público que creció
junto al propio protagonista y que este año tuvo la oportunidad de ver la última
película siendo ya adulto. También acompañó a sus aficionados mayores hasta el final y
dejó la fuerte sensación de haber sido un hito en la cultura popular. Por supuesto, eso
no lo sabremos hasta que hayan transcurrido los años y podamos visualizar el fenómeno Harry
Potter desde una perspectiva histórica, pero por de pronto dicha sensación es muy
fuerte.
Por mi parte, y como siempre, no pude verla hasta ahora. Sin embargo, pienso que la
espera valió la pena. Sabiendo que la saga cinematográfica (al igual que la literaria)
tuvo sus altibajos, películas mejor y peor logradas, esta segunda parte de las Reliquias
de la Muerte supuso un alivio, pues es evidente que se hizo hasta el último esfuerzo
de dotarla de sentido, de drama y hasta de épica, como corresponde al cierre de una saga
entera.
David Yates, el director de esta entrega, continúa el relato exactamente donde lo
dejó y de hecho repite la misma escena final de primera parte: Voldemort se apropia de la
Varita Anciana (Elder Wand) al irrumpir en la tumba de Dumbledore su -hasta
ahora- ignorado dueño y custodio. Entretanto, Harry y sus dos mejores amigos, que han
huido precipitadamente de un oscuro encierro en la mansión de los Malfoy, acaban de
despedir para siempre a un amigo querido, caído en batalla, y se preparan para continuar
su búsqueda de Horcruxes, a los cuales deben destruir si desean eliminar la amenaza de
Voldermort para siempre.
La trama se detiene por instantes, cuando se suceden diálogos vitales entre los
personajes que ayudan al espectador a entender qué papel han de jugar las Reliquias de la
Muerte en el enfrentamiento entre Harry y Voldemort y cómo intervienen -o no- para la
destrucción de los Horcruxes. Sin embargo, salvados esos instantes de tensión y demora,
esta segunda parte rebosa de aventura. Los acontecimientos se precipitan, los
protagonistas se ven enfrentados una y otra vez a peligros cada vez más grandes mientras
se apoderan de los valiosos objetos que guardan los Horcruxes, y finalmente la batalla
final es trasladada hasta los predios mismos del castillo de Howgarts, como era de
esperarse, cuando los miembros de la Orden del Fénix que aún permanecen en pie y los
desvalidos estudiantes y profesores del castillo deben hacerle frente a las fuerzas
desatadas de Voldemort, frente a las cuales no tienen prácticamente oportunidad. La
única esperanza que sostiene al castillo frente a los Mortífagos y su cruel líder es
que Harry pueda derrotarlo, personalmente.
El libro, como
la película, desgranó en los últimos instantes información sorprendente y valiosa que
logró hacernos reinterpretar toda la historia, comprender muchas de sus aparentes
incongruencias y por sobretodo, entender el comportamiento extraño de algunos personajes
claves a lo largo de la saga. La tensión se acumula al final, tanto en el libro como en
la película, y he de reconocer que Yates supo llevar a ésta última ese juego de
tensión y dureza que se desarrolló en el original literario, e incluso, pienso que
logró superarlo en algunos aspectos. Por ejemplo, el hecho de que la película sí
mostrara escenas que el libro solo nos narró de pasada o que supiera rodear de misterios
encontrados la historia (verdadera) de Severus Snape, hace que la película haya
redondeado ciertos defectos del libro. En cuanto a Snape, era y siguió siendo el
personaje más interesante y complejo de la saga, y su aparición final solo confirmó
esta impresión.
Los actores se mostraron dueños de sus papeles respectivos, sin vacilaciones ni
desganas. La ambientación y la música fueron acertadas y hasta la imagen final en la
estación 9 y 3/4 fue más insinuada que mostrada, lo que no desequilibró la general
tristeza y oscuridad de la historia.
Me alegra entonces, que con dedicación y profesionalismo, tanto Yates como su elenco
de actores y todos quienes trabajaron en las películas, se haya podido dotar de un cierre
digno, incluso épico, a una de las series más exitosas de nuestro tiempo.
(Noviembre, 2011)
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