Las Crónicas de Narnia: el león, la
bruja y el ropero
(Walt Disney Pictures y Walden Media 2005
Director: Andrew Adamson). Leer
la obra clásica de C.S. Lewis fue una experiencia agradable, gratificante. Aunque
su estilo y su presentación estaban ideados para un público principalmente infantil, se
adapta bien al gusto de un lector adulto que guste de los temas fantásticos, como en mi
caso. De hecho, hubo momentos supremos, inolvidables, como la secuencia de escenas en las
que Edmund es obligado a transitar por los fríos caminos de Narnia, mientras la Bruja
Blanca se desplaza en su trineo en busca de los otros hijos de Adán y Eva. El
sufrimiento, el arrepentimiento, la tristeza embargan a Edmund de forma palpable.
Otra escena memorable es aquella en que Aslan se somete voluntariamente al sacrificio, en
medio de una escena lúgubre, casi dantesca, de monstruos danzando en la noche a la luz de
las antorchas. También hubo momentos tiernos, agradables, como aquel en que el
Gigante Torpón acepta el pañuelo de Lucy para limpiarse el sudor del rostro. Es un
detalle de ternura especial. O el simpático contraste entre el modo de hablar de
los hermanos cuando son adultos a cuando son niños.
Bien, todos esos momentos memorables del libro los eché en falta en la película. Es
una realización de gran presupuesto, en verdad. De grandes paisajes, de precisas
caracterizaciones, especialmente las de los seres mágicos, y de una buena banda sonora.
Sí se notan ciertas deficiencias técnicas, lo cual no debió ocurrir nunca,
especialmente tratándose de Hollywood, pero aparte de tales detallitos, se puede afirmar
que es una película formalmente bien hecha. Mis sentimientos encontrados se van
entonces a la historia.
Abrir la película con las escenas de guerra fue buena idea. Pienso que aporta
información valiosa, para comprender las razones que pudieron existir detrás del envío
de cuatro niños al norte de Inglaterra. No era necesario, tampoco, ser muy prolijo,
pero visualmente está bien y se adentra en la historia sin problemas. Claro que
cuando Peter corre en busca de Edmund y éste se enoja con él, se nota la tendencia
Disney de ser reiterativo con enseñanzas morales (ya sabemos, entonces, que la película
tratará sobre el sentido de responsabilidad del hermano mayor y de la relación de éste
con su hermano menor, y que a la postre ambos "aprenderán"). Son
moralejas predecibles y muy típicas del cine familiar de Disney. No deja de ser
monótono. Y lo peor de todo es que no va acorde con el espíritu del libro, que
nunca hizo hincapié en dicho tema.
La secuencia de
imágenes que le sigue se amolda a la historia del libro y lo hace con apego bastante fiel
y sin originalidades. Se sigue insistiendo en el tema "familiar" (la relación
de hermanos y la responsabilidad del mayor), pero se desarrolla bien, aunque un tanto
lentamente. El libro también era algo lento en esta parte, no significa ni aporte
ni mejoría, pero tampoco desmejoramiento.
La historia se vuelve crítica con el arresto del señor Tummus y la traición de
Edmund. Y aquí es cuando Hollywood mete la mano y lo hace mal. Se incluye una
desastrosa escena moralista-familiar en el río, cuando el lobo se enfrenta a Peter y
Peter hace un melodramático movimiento con la espada y la hunde en el hielo, etc.
Es una escena ridícula, innecesaria y reiterativa. Sí, ya sabemos que Peter debe asumir
sus responsabilidades. Sí, sí, ya sabemos que será valiente y leal. ¿Por qué
insistir? De paso eliminaron la tierna escena en que la Sra. Castor tiene que
abandonar su máquina de coser a la predación de los esbirros de la Bruja Blanca. Y le
dan un protagonismo inútil a los lobos malvados, los cuales no necesitaban más que el
que el mismo libro les proporcionó: mínimo y preciso. Por cierto, se supone que
son lobos enormes, pero éstos parecen perros mal alimentados.
En cuanto a Edmund, aunque arruga la cara y parece contrariado, no se le ve expuesto a
la humillación y el agotamiento brutal al que fue sometido en el libro. No se le
hace sentir toda la fuerza de su arrepentimiento. Y falta el intenso drama y el
mágico misterio en el instante supremo en que la Bruja Blanca debe depender
exclusivamente de su magia para salir adelante en un momento especialmente crítico.
Tal cosa no se ve en la película.
¡Y la entrega de Aslan! ¿Dónde está la suprema humillación, la tristeza
infinita del león maravilloso, cuya cabeza es salvajemente rapada, y él mismo reducido
de manera tan cruel e ignominiosa? Incluso, el Aslan de la película tiene arrestos
para gruñirle a un monstruo insolente. ¡Pero el del libro no gruñe, no se queja, no
gime! Es una figura imponente de autosacrificio y consciente humillación. Y
la Bruja del libro refulge con su triunfo. Toda esta escena en la película se
diluye en efectos pequeños.
El resto de la historia se desenvuelve convencionalmente bien. Desarrolla con
más detalle algunas escenas de los capítulos finales, pero sin pasión. El final
llega con fluidez, créditos y estamos afuera.
La película entretiene, a niveles convencionales, pero si has leído previamente el
libro no puedes evitar sufrir cierta decepción. Espero que para Crónicas de
Narnia: El Príncipe Caspian, Disney mejore. Ya veremos. Por de pronto, dejo
estas reflexiones en el tapete. :)
(Mayo, 2006)
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