Stardust
(Paramount Pictures 2007
Director: Matthew Vaughn).
El
cine es, sin lugar a dudas, un magnífico medio de comunicación masiva que no sólo puede
ser utilizado como vehículo de expresión artística (el Arte Cinematográfico) sino
también como método de información simple. En el caso de la literatura, ha
servido últimamente para ponernos en contacto con obras que de otra manera no habríamos
conocido nunca, pues no siempre las editoriales de nuestros países hispanoparlantes se
interesan por los títulos publicados en el mundo anglosajón, en particular aquéllos
encuadrables en los géneros de la ciencia ficción o de la fantasía pura, tan olvidadas
y despreciadas, injustamente, por nuestras culturas. En el caso de Stardust,
historia deliciosa por demás, fue el cine el que me puso en el conocimiento de su
existencia. Así de simple. Y cuando tuve la oportunidad de ver la película,
no lo dudé, con satisfactorios resultados. Luego, con ocasión de leer el libro
sobre el que se basó, tuve también marco de referencia para juzgar la diferente manera
en que ambos espacios de expresión artística se mueven.
Stardust es una adaptación bastante libre de la novela original de Neil
Gaiman. Considerando que la historia escrita es una hermosa pieza literaria de
ambiente victoriano y especial estilo narrativo, era muy de esperar preguntarse qué clase
de adaptación le sería adecuada. El libro se disfruta muchísimo, pero si se le
hubiera trasladado tal cual, la película habría resultado lenta, oscura, poco
cinematográfica. La labor de adaptación entonces recayó en la visualización y el
efectismo necesario para hacer que el espectador se anclara a la silla y pusiera atención
a la historia. El resultado es que la puesta en escena es efectista, donde el libro
es íntimo o pausado; la película es visual, donde el libro es evocador, y la película
resulta cómica, donde el libro es simplemente oscuro. Esto no significa que la
historia se haya suavizado o estropeado. Al contrario, el resultado fue magnífico,
pues respetando la historia original, la película pudo innovar e imprimir un ambiente
fresco a las realizaciones cinematográficas de fantasía en general. Y tampoco significa
que haya perdido esa oscuridad especial del libro. Por ejemplo, la bruja de la película
sigue siendo malvada y cruel, y en una actuación muy correcta, Michelle Pfeiffer logra
imprimirle ese espíritu frío y calculador tan propio del personaje.
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| Tristan e Yvaine |
El capitán |
La bruja |
Claro que no impresiona de la misma forma que la extraña triada del
libro, pero igual cumple un papel preponderante. Otros personajes sufren algunas
modificaciones importantes, que en mi opinión, no habrían sido necesarias ni bien
recibidas en el formato escrito, pero que en el cine son plenamente justificables y hasta
necesarias. Uno de esos casos son los fantasmas. De figuras apenas
susurradas, aunque omnipresentes, en el libro, en la película son verdaderos
protagonistas, horribles y a la vez cómicos, lo que convierte la historia en un efecto
visual placentero y a la vez extraño. Otro caso es el capitán del barco. De
ser una figura inocua en el libro, pasa a ser un verdadero repunte, cómico también, que
explica algunos detalles de transformación del protagonista (Tristan), que de otro modo,
en la película, habrían quedado sin justificación.

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| Los fantasmas: un punto alto (e innovador) de
la película |
Hubo también concesiones románticas que considero muy típico de las
edulcoraciones del cine comercial. Una, por ejemplo, sería la ausencia de la esposa
de Dunstan, lo que transforma su encuentro con la princesa de un instante mágico-casual a
uno verdaderamente romántico. No me parecía necesaria, aunque ciertamente eliminó
actores y por tanto, sueldos. Otro detalle se le encuentra al final de la película,
en el que difiere del libro, pero que, por razones obvias, no diré aquí. De todas
formas, la película evita el tópico, por completo ausente en la historia original, y nos
salva de lo trillado y lo aburrido, desarrollando un hilo narrativo fresco, innovador en
cine, que nos habla bien de su referente literario.
Salvando en general algunas ilogicidades y concesiones a un espectáculo tal vez por
momentos demasiado efectista, la película sin embargo cumple con su función de
entretenimiento delicioso, de evocar con suficiente justicia la maravilla de una historia
original, especial, dentro de la fantasía actual y de la literatura en general, y un buen
puerto de entrada a un mundo de historias que aún nos queda por descubrir. :)
(Agosto, 2008)
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