lauraname.jpg (3793 bytes)

fb2.gif (1086 bytes)
Inicio Sobre Laura Publicaciones Eventos Blog Contacto

 

Por siempre otro
Relato incluido entre los mejores relatos fantásticos del 2007 en la antología española Fabricantes de Sueños 2008 y publicado en la colección Por siempre otro y otros relatos (2007, Leer-E).

Página 2 de 6

No entendí muy bien a qué edad se refería, pero recuerdo que desde entonces me quedé pensando en el perrito que querría y hasta planeé algunos nombres “apropiados” para el que sería mi mascota.

La promesa se cumplió dos años más tarde. Un claro día de verano, cuando yo alcanzaba mi séptimo cumpleaños, mi madre trajo a casa una mota negra y peluda de ojos brillantes que colocó entre mis brazos.

—Aquí tienes a tu cachorro, mi amor— me dijo en tono orgulloso.

Miré al animalito sintiéndome muy confundido.

—No… se parece al perrito que yo quería— murmuré con palabras apenas pronunciadas.

Mi madre las descartó con un gesto.

—Créeme— me aseguró—. Éste es tu perro, tal como siempre lo quisiste. Se llama Lucas.

—En realidad…

—No se hable más— zanjó entonces mi padre, que hablaba poco y cuando lo hacía, era normalmente para que se hiciera silencio. Me sorprendió su intervención, pues tampoco solía intervenir en asuntos infantiles, o sea, en los míos. No añadí comentarios entonces. Por alguna razón que no comprendía, aquel tenía que ser mi perro y debía llamarse Lucas, aunque no fuese con exactitud la mascota que yo deseaba ni el nombre que tenía planeado otorgarle.

¡Cómo se acumulan ahora los recuerdos, cuando comprendo el porqué de aquellas extrañas disposiciones que tanto afectaron mi vida! En la calma de este cementerio, la beatitud se confunde con la soledad, y la paz con el abandono. Sólo el viento me acompaña, lo mismo que el atardecer que me rodea y las lápidas silenciosas que yacen incólumes en la vera de un sendero empedrado. Los recuerdos fluyen como ríos, cada uno brillando en sí mismo.

Me inscribieron en la escuela a la que mi padre había asistido, lo que era muy normal entre algunas familias, como constaté luego entre varios de mis condiscípulos. Lo que no resultó, en cambio, necesariamente lógico fue que mi madre insistiera en que yo debía formar parte del equipo científico de la escuela, aunque mi padre había sido campeón escolar del equipo de fútbol y yo mismo me sentía inclinado a desempeñarme en dicho deporte.

—Mi profesor de deportes dice que sería un gran jugador, mamá— protesté aquella vez.

—Eres un brillante cerebro para la ciencia y siempre lo serás— insistió ella.

Sus afirmaciones no me parecían convincentes y estuve insistiendo en mi punto por varios minutos más. Cuando mi padre entró a la casa, yo esperaba ansiosamente que me ayudara a convencerla, dado que había sido una estrella deportiva tan brillante. ¡Tenía que esperar que su único hijo siguiera sus pasos, tal como sucedía con los padres de mis compañeros de escuela!

Contra todos los pronósticos, sin embargo, él la apoyó.

<Página anterior

-2-

Página siguiente >

 

 

Copyright Laura Quijano